Este fue el estudio que creé en Bahrain, que nació con el proyecto del Yateem Centre, el primer mall de la isla. Voy a hablar de este estudio separadamente, porque fue un poco el foco que nos permitió permanecer tantos años en la isla y en la zona, el que alimentó y permitió todo lo que hicimos. El estudio nace con este proyecto que conseguimos después del primer viaje a Medio Oriente en 1976, y se materializa con mi llegada a la isla después de una corta estadía en Chipre en 1978. El estudio en ese momento era yo con mi secretaria adolescente, Bina Shivram, con sede en el primer piso de un viejo edificio, al frente del terreno del proyecto, a la entrada al souk.
Yo dividía mi actividad en dos: por una parte, la dirección técnica del proyecto, y para eso me sirvió mucho mi experiencia con Horacio Guerrico en la dirección técnica de la Embajada de Chile, proyecto de similar magnitud, y mi búsqueda de otros proyectos que comenzaran a complementar el del mall. Tenía que luchar en la isla, primero con la creencia generalizada de que yo era parte del grupo Yateem y por tanto trabajaba solo para ellos, y también contra la estrecha relación de los arquitectos locales con la relativamente pequeña población de la isla.
Primer Shopping de Medio Oriente, Yateem Centre
Operaban en ese momento por lo menos tres importantes estudios, dos de reconocidos bahreineses y uno de un iraquí llamado Yousif Dawood, gran arquitecto, de quien siempre admiré su obra. También tuvo su estudio por varios años un arquitecto egipcio, Samir Sombati, de quien he ya hablado o hablaré más adelante. Él, años más tarde, sería nombrado por el gobierno egipcio protector de la costa egipcia del Mar Rojo. Ya estaba presente una empresa de arquitectura y urbanismo, WS Atkins and Partners, que, si bien en ese momento se ocupaba más de obras de infraestructura, en el futuro haría enormes proyectos de arquitectura. Había también una gran presencia de arquitectos e ingenieros británicos en varios ministerios, trabajando sobre todo en obras de urbanismo y planificación.
Fue extrañamente uno de los más famosos arquitectos locales quien derivó a Intec el proyecto de nuestras primeras dos casas, que se construirían en un enorme terreno lleno de palmeras. El cliente, Abdullah Ahmadi, tenía la concesión exclusiva de Pepsi y todos sus derivados en Bahrain, en una situación de monopolio: Coca-Cola, en aquel entonces, estaba prohibida por estar presente en Israel. Una de las dos casas era especial; sería destinada a la realización de grandes fiestas y tendría solo 2 suites. Las casas se construyeron; la destinada a fiestas fue continuamente usada, sobre todo cuando llegaron a Bahrain las dos hijas de mi cliente, quienes habían vivido siempre en Los Ángeles y se hicieron inmediatamente parte de nuestro grupo. Esta casa me dio mucha fama en la isla; era muy linda y recibía visitas constantemente. La segunda sería la primera de tantas con similares programas de necesidades, acceso, living comedor para 12 personas, dormitorio principal con vestidor y baño completo, 3 dormitorios en suite, family room, cocina interna y cocina externa, depósitos, cochera para 3 autos, 2 cuartos de servicio , pileta. La superficie de las casas típicas variaba entre 1000 y 1500 m².
El cliente había pedido que la arquitectura fuera de estilo mediterráneo. Fue mi única concesión a techos con pendientes y tejas; todas las tantas casas que Intec diseñó después serían blancas, minimalistas y racionalistas, con un obsesivo estudio de sus plantas, cuyos espacios tenían que fluir y despertar interés, divertir, nunca aburrir, y también un obsesivo estudio de los detalles. En esa época tomé la decisión de que el estudio sería puramente de arquitectura y todo lo estructural y electromecánico sería subcontratado. La obra del mall estaba rodeada de negocios y oficinas; era el corazón de la ciudad. A muchos visitaba; me ofrecían el tradicional chai o gawha, té o café típico, pilares de la hospitalidad árabe. El chai es el más común, a base de hojas de té negro, leche y especias como jengibre, cardamomo, clavo de olor, pimienta negra. Viene servido en pequeñas tazas sin asas, sin preguntar si uno lo quiere, y se sigue sirviendo a menos que la taza venga agitada varias veces en señal de suficiencia. Bueno, me fui por las ramas. En esas visitas hablábamos del negocio, de posibilidades de reforma, lo que resultó en varios encargos.
Aparte de mi secretaria, contraté los servicios de un pakistaní, Waheed, quien trabajaba en el Ministerio de Obras Públicas hasta una cierta hora, y después era mi dibujante, excelente, debo decir. Un personaje con quien debatíamos continuamente temas religiosos y culturales estuvo muchos años como Intec, aun cuando crecimos y teníamos arquitectos e ingenieros fijos. Estaba inflado de orgullo cuando Cristina y yo asistimos al casamiento de su hija, y más cuando, muchos años después, él ya estaba muy enfermo, su hijo comenzó a trabajar en Intec.
A los fijos en la isla, comenzaron a sumarse presencias transitorias como Davide Pogliani, "geómetra" italiano del equipo de Inter de Milán, o Salvatore Grande, quien sería después mi gran colaborador y amigo, increíble dibujante, gran arquitecto y acuarelista, su gran pasión a la que se dedicaría full time años después y actualmente.
Hicimos un primer proyecto para un gran empresario de Bahrain, miembro de una de las más prominentes familias de Bahrain. Mohamed Kanoo, con su hermano Fouad, era el concesionario de Toyota y Lexus en la isla. Mohamed tenía además una gran pasión por la actividad inmobiliaria. Lo conocí socialmente, me invitó a visitarlo en su oficina y así lo hice. Los Kanoo tenían su propio edificio en Manama, y él tenía una gran oficina en el mismo. Después del tradicional chai y la tradicional charla sobre nada que debe preceder a cualquier discusión de negocios, me ofreció el proyecto de renovación completa y ampliación del showroom de Toyota. La firma de este contrato incorporó proyectos comerciales a las actividades del estudio. En este tiempo yo ya había instalado mi estudio en el edificio de oficinas que fue parte de la primera fase del proyecto del Yateem Centre.
Comenzamos el proyecto de Toyota y al mismo tiempo una gran casa para Mohamed. También conocí a otro gran empresario en el campo metalúrgico y también desarrollista inmobiliario. Él había comprado un terreno en una isla artificial, Awaj, proyectada para convertirse en una pequeña ciudad autónoma. Estuve presente en la presentación del proyecto de la isla, gran presentación y fiesta posterior. Su terreno era igual a unos veinte terrenos angostos y largos, frente a una playa de arena clara y un mar cristalino. La playa estaba virgen; no se había construido nada todavía. Me encantó el día que lo visitamos a pesar de las dificultades que ofrecían sus dimensiones. Firmé el contrato; proyectamos la casa que tuvo una enorme difusión tanto en la isla como en la prensa especializada. Fue publicada por muchas revistas, en Argentina por D&D. Ammar Al A'li, mi cliente y después mi amigo, la construyó como casa de fin de semana, pero después con su mujer se mudaron a vivir allí. Una escalera con estructura de acero y escalones de vidrio estructural con luz led incorporada es el pivote organizador de los cuatro niveles de la casa. En esa isla haríamos muchos proyectos en el futuro, dos casas gemelas, muchas casas individuales, dos edificios de departamentos de cinco pisos cada uno, más uno de 20 pisos cuya construcción debiera comenzar.
En el estudio de Yateen Centre éramos todavía muy pocos: Beena, Waheed por las tardes, Davide o Salvatore cuando podían. No encontraba gente idónea en la isla; los estudios traían su gente de Europa, principalmente de Inglaterra. Salva trabajaba algunas veces en Milán con dos arquitectas italianas, y pronto ellas comenzaron a trabajar con Intec a la distancia, desde un estudio que Intec financiaba en parte. Yo viajaba seguido a Milán y los cinco trabajábamos allí. En algún momento se presentó al estudio un arquitecto de la India, en sus 50s, quien trabajaba de toda la vida en un ministerio de Bahrain y hacía horas en algunos estudios. Me gustó mucho lo que me mostró y lo contraté. Su nombre es Prakash; él sería por mucho tiempo la mano derecha mía y de Felipe Jr. durante los años que trabajamos juntos.
Ya en este tiempo yo había trasladado mi estudio a un pequeño barrio cerrado, que incluía nueve pequeños edificios de departamentos, de dos pisos y dos departamentos cada uno, más una amplia casa de una planta. Allí nos habíamos instalado; resultaba muy cómodo por su excelente ubicación y fácil estacionamiento. Tiempo después, Mohamed Kanoo me llama y me invita a visitarlo en su oficina. Durante la reunión me contó que había comprado el compound donde yo había instalado mi estudio, y también un terreno adyacente de 100 m de largo por 40 m de ancho! Me dice también que quiere que Intec prepare un proyecto de total renovación de los pequeños edificios de departamentos y la casa, y un nuevo edificio de departamentos, de cinco pisos en el largo terreno.
¡Este era un gran proyecto para el estudio, lo que apaciguó mi enojo por tener que trasladarlo de nuevo! Preparamos el proyecto; los pequeños edificios contarían con dos departamentos cada uno, con instalaciones que incorporarían todas las comodidades y facilidades posibles. El nuevo edificio era un desafío por las dimensiones del terreno. Nunca pensé en compartimentarlo; en cambio opté por armarlo alrededor de un gran atrio central, iluminado desde arriba con luz natural filtrada por lucernarios y con aperturas que permitieran la salida del aire caliente impulsado por el aire fresco que entraría por los dos costados laterales del edificio. Esto era evidentemente una influencia de los antiguos sistemas de ventilación usados en todos los países del golfo. Los departamentos de 1, 2, 3, 4 y 5 dormitorios con aire acondicionado, todas split units con los condensadores alineados en el techo. La planta baja un gigantesco parking con ventilación artificial.
La forma del terreno resultante de la unión del barrio cerrado y el nuevo era una L, un lado con ocho edificios (uno tuvimos que demolerlo porque quedaba en medio de la L). Allí, en el medio del proyecto, donde lo viejo se unía con lo nuevo, pusimos tres piletas, dos de las cuales a nivel de terreno, una para chicos, la otra normal, y una enfrentada, en el primer piso del edificio, un óvalo celeste, perfecto, con escaleras que unían ambos niveles. Muchos espacios estaban preparados para recibir plantas, y cuando terminamos la construcción, recuerdo como si fuera hoy, Mohamed y yo seguidos por muchos jardineros con carretillas llenas de plantas, y él indicando dónde plantar cada una! Todas las palmeras fueron traídas y plantadas durante la obra, y todas fueron envueltas en plástico como un regalo para protegerlas. Oasis fue un gran éxito; había colas para alquilar hasta que deǰé Bahrain, departamentos y jardines en medio de la ciudad.
Trasladé el estudio, después de una larga búsqueda, a una gran casa de tres pisos, muy bien ubicada y cómoda; armamos la recepción, una sala de espera y una sala de reuniones con una gran biblioteca. En el primer piso mi oficina, la de Feli, otra con cuatro ingenieros, y arriba dos oficinas de arquitectos mas una gran sala de dibujantes. Éramos como veinte en esa época, y varios proyectos en marcha, como un gran edificio de departamentos en Amwaj, 8 casas alineadas en Yateem Gardens, el barrio cerrado lleno de palmeras de los Yateem en el centro de la ciudad, una gran casa con vistas a ese barrio, para una pareja, ella, nieta de Yateem.
Esta es una casa muy especial de la que se ocupó principalmente Felipe Jr. Muy amigo de la pareja. En ese barrio cerrado, tiempo atrás, habíamos proyectado dos casas, una para una de las hijas de Husain Yateem y la otra para alquilar. Todas las casas del compound eran muy estándar en cuanto a arquitectura, y estas dos nuevas fueron muy especiales. La de la hija de Yateem fue proyectada sobre la base de una idea esquemática de un buen arquitecto libanés amigo del marido.
Para la segunda, cuyo terreno estaba completamente fuera de la vista, conectado solo por una calle muy angosta a la circulación principal, Husain me dio mano libre y se resolvió con una planta baja muy abierta e intercomunicada de forma semicircular, toda abierta a la pileta. ¡En el estudio la llamábamos la casa banana! Es muy interesante lo que pasó con esa casa. En un tiempo en que Mishaal, el hijo de Ahmed Jarallah, el kuwaití dueño de Al Bander Resort, en esa época visitaba mucho el estudio, habiéndose mudado a vivir en Baréin, visitaba mucho el estudio y pasaba tiempo charlando en mi oficina, vio sobre mi tablero muchos dibujos de la casa y me preguntó inmediatamente para quién eran.
Cuando le conté la historia, me dijo: Felipe, yo voy a vivir en esa casa y así fué, hablamos con Mohamed, uno de los hijos de Husain que se encargaba del barrio cerrado y cuando terminamos se fué a vivir allí, y todavía lo hacía cuando dejamos Bahrain y èl se había convertido en un gran empresario y haɓía dado vida a una serie de famosísimos restaurantes de la isla, todos proyectados por nuestro estudio. Con Mishal pasábamos mucho tiempo juntos; él se ocupaba del proyecto de Al Bander, que, aparte de toda la parte general, bungalows grandes y chicos, pequeñas casas con pileta privada, piletas y restaurantes, bowling y spa, incluía también dos casas privadas, una para su padre y una para él, ambas enfrentando el mar abierto. La casa de Mishal, con su pequeño muelle para su yate y su terraza con pileta y jacuzzi que contemplaba la entrada y salida de yates, lanchas y veleros, los fines de semana se llenaba de juventud y la música no paraba.
Un día me llamó Mohamed Kanoo para que lo visitara en su oficina. Y cuando nos reunimos, me comunicó que en el terreno al lado del Toyota Showroom, del que la familia era propietaria, iban a construir otro para Lexus. Quería que fuera el mejor Lexus Showroom del Golfo y que Intec lo diseñara. Todos los proyectos con la familia Kanoo eran controlados y coordinados por una poderosa oficina técnica guiada por un ingeniero de la India, Jasber Singh, un sheik de la poderosa religión monoteísta de la India. Jasber era un ingeniero con amplios conocimientos de todos los aspectos de la construcción.
Manejaba su gran grupo de ingenieros con puño de hierro y en los primeros tiempos de trabajo en común tuve fricciones con él, incluso violentas discusiones, pero poco a poco forjamos una relación de mutuo respeto. Este showroom, con un gran subsuelo y una gran planta de exhibición, fue un gran desafío para el estudio. La propuesta arquitectónica incluía el gran volumen principal de doble altura y zonas con entrepisos, un volumen cónico que contenía oficinas manageriales, a las que se accedía por una escalera circular con peldaños en voladizo, y un jardín japonés a la entrada.
Trabajamos mano a mano con Felipe Jr. y Prakash, quien preparó detalles a mano que daban ganas de enmarcar. Jr y Prakash trsbaron mucho también con un equipo de de Interior Dedigners libaneses, traídos por el cliente, quiénes intervinieron en ciertas áreas del proyecto. Este tuvo mucha repercusión en la isla y fue publicado por revistas especializadas. Creo que cumplimos con el deseo de Mohamed; es el mejor de la zona según el parecer de muchos especialistas.
Más tarde, un nuevo mánager del grupo me llamó para decirme que querían diseñar un pequeño lounge de espera para los clientes que esperaban la entrega de su 0 km. Quería que fuera más que especial, a pesar de su pequeña dimensión. La oficina se emplazaría fuera del perímetro del subsuelo, rompiendo la pared para hacer la entrada y excavando lateralmente bajo el terreno. Salí de la reunión pensando en el lounge y de pronto llegué a mi auto, un Lexus, miré la parrilla e inmediatamente pensé: la entrada al lounge tiene que tener esta forma. La idea, presentada en un rápido sketch, tuvo la aprobación de todos los interesados; se completaron todos los planos y detalles; se construyó, y el lounge más Lexus no podía ser.
Años más tarde, me llamó el hijo de Mohamed para contarme que habían tomado la concesión del mítico McLaren, que sería construido modificando un viejo edificio de la familia. Yo no podía creer que quisieran hacer eso; el edificio era obsoleto. Pero bueno, ese era el encargo; hicimos el proyecto y McLaren y los Kanoo quedaron muy satisfechos. Tuve un amigo en Bahrain quien fue por años director de la Royal Charity de Bahrain; el chairman era el Crown Prince (príncipe heredero). Yousif Al Sayyegh siempre quiso hacer un proyecto con Intec. El Rey le donó a la Sociedad un magnífico terreno, e inmediatamente me llamó para hacer el proyecto. Lo hicimos: un edificio interesantísimo que bien respondía a los requerimientos del briefing, que no solamente describía las varias necesidades del proyecto, sino que también demandaba que este fuera icónico.
Yousif era también miembro del Directorio de NOGA, la empresa de petróleo de Bahrain. Por años se hablaba del edificio que NOGA debía construir y él trabajó mucho para conseguir un terreno, lo consiguió y convenció al Directorio de encargar la preparación de un concepto de un icónico edificio que aprovechara al máximo las reglamentaciones del código en cuanto a superficies y alturas que albergara sus oficinas en 6 pisos, y el resto para alquilar. Preparamos el concepto del edificio que presenté en una muy formal reunión del Directorio a la que fueron invitados también ministros y funcionarios y que fue aprobado por unanimidad por los varios directores. A partir de allí, NOGA comenzó a trabajar en la materialización del presupuesto, y en esa tarea estaban todavía embarcados cuando me vine. Ese fue seguramente el proyecto más importante de Intec Bahrain.
He hablado anteriormente sobre mis contactos con Lane Pettigrew, el arquitecto caribeño con estudios en Santa Lucía y Miami. Él me había propuesto que yo representara a su estudio en Cuba, en proyectos con inversores de una cadena de hoteles de Toronto, Delta Hotels, ya que, siendo americano, él no podía hacerlo. Establecimos en nuestro encuentro en Miami un modus operandi que consistía en encuentros en Toronto previos a mis viajes a Cuba. En Miami me hizo también un briefing sobre los cuatro proyectos.
Después de un tiempo acordamos el primer viaje. Yo volé de Bahrain con British Airways con escala en Londres, cerca de 20 horas incluyendo el tránsito. Lane voló desde Miami y nos alojamos en un espléndido hotel en Toronto. Nos encontramos con el CEO del grupo inversor, un tipo en sus 60s, muy inteligente. No hablaba español. Tuvimos reuniones de ajustes de la primera presentación; me entregaron todo el material gráfico y audiovisual y partí para La Habana volando con Cubana Aviation, una aerolínea tan decrépita como sus viejos aviones Tupolev, rusos. No había clase ejecutiva o así, me parece; la cabina era un total descontrol con chicos corriendo por los pasillos, gritando o cantando, no estoy seguro. En La Habana me esperaban Jack, de Canadá, y su novia cubana Celia, pareja encantadora, él aproximadamente de mi edad, entre 45 y 50, representante en la isla de los inversores, ella más joven, linda y súper simpática.
Me alojaron en un buen hotel de la cadena Meliá, española, en el centro de la ciudad, no lejos del Malecón. Al día siguiente, el Ministerio de Turismo puso a nuestra disposición a Jack y a mí, más un par de simpáticos arquitectos locales, un helicóptero para conocer las varias locaciones de los proyectos. El helicóptero no era mucho mejor que el viejo Tupolev, con un chico y una chica de tripulación más los dos pilotos. ¡Viajaban con una puerta corrediza abierta, cruzada por un tubo, tipo baranda, sentados en el suelo con las piernas colgando en el vacío! Ofrecían buen café y pastelitos. Volamos y aterrizamos en distintos lugares de la isla; los dos viejos hoteles requerirían verdaderos milagros para ser convertidos en refinados resorts, aunque el marco del entorno era sublime. El viejo hotel en Playa Ancón, cerca de la histórica ciudad de Trinidad, era el más impactante por su maravillosa playa. Como cortesía, me llevaron a conocer Cayo Coco; creí que había llegado al paraíso: todo lo que uno puede imaginar del Caribe, playas blancas que no se calientan, aguas turquesas cristalinas, corales inimaginables; ¡todo estaba allí!
Cadena de Hoteles Meliá, Cuba
Dos días después estaba prevista una presentación a los representantes del Ministerio de Turismo; la hice yo con algunas intervenciones de Jack. El resultado de esta primera presentación fue muy positivo; el material gráfico era muy bueno, el audiovisual excelente. Jack y Celia me llevaron a los lugares más típicos de la ciudad. Fueron cuatro viajes en los cuales tuve tiempo de recorrer mucho cuando había tiempo libre. El Malecón. con sus 8 km, con sus coloridos porticos alineados frente al mar, el viejo cssco de la ciudas con sus calles empedradas bulliciosas, enmarcadas por coloridas, viejas casas, sus lindas plazas, tanta gente que no hacía nada, sentados en las entrsdas a las casas, en los escalones o en sillas traídas de adentro, sus bares emblemáticos con recuerdos de las tantas visitas de Hemingway, La Bodeguita del Medio, asi llamada porque no está en la esquina, con sus mojitos y el Floridita con sus míticos daiquiris.
Por supuesto, llamaban la atención los autos vintage, que los mecánicos cubanos mantenían en las calles, con motores rusos, hasta de tractores, Chevrolets Impala. Cadillacs, Ford Fairlane, de todo. Los arquitectos locales eran simpáticos y comunicativos. Se permitía hablar mal de las condiciones de la isla y del régimen, pero no que lo hiciéramos nosotros, una cuestión de orgullo profundo. Permitían que les regalara al final del viaje cosas de toiletries, jabones, champús, pastas de dientes. Para ellos eran lujos. Seguramente buenos profesionales, pero con poca experiencia en el tipo de proyectos que tratábamos. Trabajaban en el Ministerio, y si todo prosperaba, tendrían que coordinar proyectos de una envergadura que los superaba. Jack desde el comienzo mostró su escepticismo sobre la posible materialización de los mismos, según él, había en el Gobierno una tirria contra el Directorio del grupo inversor, particularmente contra su CEO, quien no entendía a los cubanos ni sabía cómo tratarlos, además de no hablar español.
Hice tres viajes más a Cuba, muchas presentaciones, pero a cierto punto todo se paró. De estos viajes recuerdo algunas anécdotas interesantes. Yo sabía que mi tío Ricardo Yofre, médico recibido en Córdoba y con años de experiencia en Inglaterra, había vivido exiliado en La Habana. De algún modo conseguí el número de teléfono de médicos cubanos compañeros de él en el hospital de La Habana. En uno de los viajes los invité a comer y fue fascinante. Ellos sabían cómo vivía Ricardo en Argentina y me contaron cómo vivía allá, en un modesto, pequeño departamento del que tenía que tomar dos medios de transporte para llegar al hospital, midiéndose en todo para llegar a fin de mes, como se dice. Me contaron que jamás le escucharon una queja y que su nivel profesional era sumamente apreciado. Mi padre lo quería tanto; él en realidad le había hecho de padre cuando el suyo murió muy joven, dejando a la vez una joven viuda con siete hijos, de quienes Felipe Alejandro, mi padre, el más grande, se hizo cargo.
Otra anécdota interesante. El segundo viaje lo inicié en el Cairo. Estaba allí por trabajo y Cristina me acompañaba; era nuestro cumpleaños y decidimos festejarlo invitando a un grupo de amigos a comer a un conocido hotel. Había en el restaurante música en vivo, un grupo cubano. En una pausa del show, me acerqué al escenario, charlamos un poco y les conté que al día siguiente viajaba a Cuba. Una de las chicas me miró fijo y luego me preguntó si le llevaría una carta a su madre. Le dije que por supuesto que sí y corrió a escribirla. Antes de irnos, me la dio con algunas explicaciones . En La Habana vivían en un departamento su hermana y su hermano menores con su madre. Los llamé, me dieron detalles de cómo llegar, tomé un taxi y allí fuimos.
El barrio era muy periférico. El departamento en alguno de los edificios sociales construidos por el gobierno, muy limpio y con una familia más que encantadora.La madre en sus 50s, la hermana en sus 18 o 19, lindísima, el hermano en sus 80s. Simpàtico y dicharachero. Me ofrecieron café y bizcochos y mantuvimos una amena charla. Vivían con lo mínimo, privados de lo medio, máximo y más, pero con gran dignidad. Criticaban fuertemente al gobierno; yo me abstuve de hacerlo para evitar reacciones de orgullo nacional. El diágolo, monólogo fué largo eintenso, de las críticas no se salvó nada de lo que tenían o de lo que tuvieron antes de la revolución. El niño me acompañó a un lugar donde era más fácil conseguir un taxi.