INSÓLITAS EXPERIENCIAS
Llegó al estudio un proyecto muy importante, el diseño de un palacio para el hermano del Príncipe Heredero, quien luego convertiría el Emirato en Reino. Algo muy particular sucedió durante la construcción del palacio. El diseño consistía en varias unidades articuladas, la principal era el gran living de recepciones que se llamaba Majlis, cuyo techo había sido proyectado y construido como una gran pirámide. Justo cuando la estructura metálica de la misma había sido instalada, el Príncipe viajó a New York y de allí regresó con la idea de que su Majlis debía estar cubierto por una cúpula metálica parecida y del estilo art déco de la que coronaba el Chrysler Building. Tuvimos que proyectar una complicadísima estructura, construirla, desmontar con grandes grúas la pirámide, y montar también con enormes grúas la nueva cúpula.
Otra anécdota bastante insólita está relacionada con el viaje que hicimos a Côte d'Ivoire para decidir dónde seguir viviendo y trabajando, allí o en Bahrain. En ese momento yo estaba en Bahrain, Cristina en Buenos Aires. Yo programé todo el viaje de modo de llegar unas horas antes, y esperar allí la llegada de Cristina. Mi vuelo partía de Milán a la mañana temprano. La noche anterior algunos amigos programaron un asado de despedida, que se extendió hasta bastante tarde y sucedió algo que no me sucede nunca: me quedé dormido y perdí el vuelo. Salí de casa como un loco, medio dormido y a medio vestir, y llegué al aeropuerto, cuando, por supuesto, el vuelo ya había partido. Me informé sobre mis posibilidades de tomar un próximo vuelo y me dijeron que había uno que salía de Roma, pero tenía el tiempo muy justo. Compré un pasaje; llegué a Roma cuando el vuelo para Côte d'Ivoire partía. No podia controlar mis nervios, no podia ser que Cristina llegara antes que yo, no sabia nada de las reservas de hotel ni del que hacer, no olvidemos porsupuesto que los celulares no existian. Finalmente me informaron sobre un vuelo que salía de París y que había un vuelo de Roma que me llevaría a tiempo para tomarlo.
Abdijan
Les Paletuviers
Compré un pasaje para París y llegué para enterarme de que sí, que había un vuelo, pero que estaba lleno y solo podían ponerme en lista de espera. Compré mi pasaje y me senté a esperar hasta que comenzaron a llamar a los pasajeros de la lista de espera que podían tomar el vuelo. Mis nervios y mi desesperación eran visibles; no me llamaban hasta que, de pronto, un hombre de mediana edad,quien se había percatado de mi estado, se me acercó y me preguntó qué me pasaba. Le conté: y algo extraordinario sucedió: ese hombre me dijo que me cedía su lugar, que él no tenía apuro en llegar. Yo lo miré, incrédulo; no me acuerdo de qué le dije, cómo le agradecí, pero de pronto estaba sentado en mi asiento del vuelo de UTA, que, tocando muchos pequeños aeropuertos africanos, me depositaría en mi destino con tiempo suficiente para dar la bienvenida a Cristina. No supe ni sabré nunca qué movió a esta persona a cederme su lugar; había vivido una insólita experiencia. Como colorario, les cuento que al llegar, mi equipaje no llegó, y reclamé varias veces durante mi estadía y me siguieron confirmando que no había llegado. ¡Cuando partíamos, pedí mirar el depósito de valijas extraviadas o no reclamadas y apenas entré, vi mi valija en el primer estante! Seguramente estuvo allí todo el tiempo. Sentado en mi asiento del avión que nos llevaba de vuelta, pensé que había vivido una insólita experiencia.