Me encantaba esta gran ciudad cosmopolita, capital, su buenísimo trazado urbanístico con herencias europeas, especialmente francesas, la belleza de sus varias zonas, su arquitectura, sus plazas y sus parques, y sobre todo su ritmo, sus actividades, todo lo que pasaba todo el tiempo en los ámbitos tanto recreativos como culturales.
Me sentí bien recibido y cómodo en la empresa de Guerrico; tenía mi oficina y mi buena mesa de dibujo. El primer tiempo me alojé en un hotel mientras buscaba un departamento para alquilar hasta que encontré uno al que le vi enormes posibilidades si le podía hacer algunas modificaciones. Le expliqué a la dueña mi idea de transformar esos tres ambientes mínimos en una especie de loft, circundado por un balcón. La dueña aceptó y rápidamente organicé los trabajos y me mudé. La sensación de tener mi propio espacio era increíble; habían sido muchos meses de vivir en una pequeña habitación y estaba feliz con el cambio. Un poco más adelante, mi padre me compró un lindísimo departamento en una zona privilegiada de la ciudad, cerca del jardín botánico.
Apenas llegado, comencé el proyecto del edificio de la calle Anchorena; decidí diseñar todos los departamentos en dos niveles y, en los pisos altos, acomodé un dúplex y un tríplex que compró un abogado amigo de Horacio, en el que, una vez terminado, compartimos agradables tertulias con él y sus amigos. Diseñe una entrada poco ortodoxa, muy vidriada y con una estructura metálica que pinte de color ocre. Con Horacio, visitamos periódicamente la obra de la Embajada y otro edificio que proyecté en la calle Terrero, en las afueras de la ciudad.
También completé los planos de un edificio que estaba construyendo Horacio en Junín al 1400,
Edificio Calle Anchorena
Haciendo un paréntesis, cuento que mientras estudiaba arquitectura me presenté y gané varios concursos para ayudante alumno de cátedra. Esto despertó en mí la vocación por la docencia. Poco después de llegar e instalarme en Buenos Aires, me presenté primero a un concurso para ayudante de la cátedra de arquitectura del arquitecto Kigel, turno diurno, y luego a otro, esta vez para el turno nocturno. Gané estos concursos y así comenzó mi actividad docente, que se extendió durante todos los años que viví en Buenos Aires.
Cuando pienso en ese periodo, me doy cuenta de la gran energía que necesitaba y de la que por suerte disponía. Trabajaba en la empresa todos los días; iba a la facultad los lunes, miércoles y viernes, por la mañana y por la noche. Esas noches terminaban,invariablemente, con un grupo de los docentes amigos, yendo a comer un asadito a la Costanera, lo que nos quedaba muy cerca de la facultad. También hacíamos pequeños proyectos con Margarita María; colaboramos en algún concurso con Clorindo Testa. Lo más importante que hicimos fue la renovación de un departamento de la familia Bulgheroni en Avenida Libertador y una casa para amigos de mi socia en las afueras de Buenos Aires. También el mismo Kiguel me pidió que le desarrollara un pequeño proyecto para un negocio de ropa en la calle Florida, y así lo hice.