Harrods
Tate Gallery
Flushing Meadows
Nantucket
Boston
Lobby del Waldorf Astoria
Con Cristina y Fátima coincidimos algunas veces en New York, y uno de los programas preferidos era ir al brunch del domingo de Waldorf Astoria, que se hacía en ese lobby art déco, maravilloso, con el emblemático reloj y el famoso piano que permite siempre gozar de música en vivo.
El menú era inigualable, incluía salmón ahumado, ostras, colas de langosta y camarones, una original ensalada, exquisitas carnes, los famosos huevos Benedict y buena variedad de postres. Once de ellas funcionan como museos, mantienen todo intacto en sus interiores, muebles y vajilla, y sus jardines están cuidados y preservados, muchos asomados al mar, con sus jardines batidos por las olas del Atlántico.
Algunos años reemplacé las visitas a New York por unas a Miami, a la que volaba directamente desde Londres. Miami siempre ejerció una gran atracción sobre mí; paraba normalmente en Key Biscayne, y una noche pude apreciar el nivel de vida de los adinerados del lugar. Invitado a cenar en una casa frente al agua, la dueña de la casa me invitó a dar una vuelta por la propiedad, que incluía una gran terraza, una magnífica pileta y un yate, no en un muelle, sino sobre la terraza misma, al lado de una enorme grúa que lo entraba o sacaba del agua.
Miami
En Viilla Allende junto con Alberto, Cristina, Marcela,Susana, Graciela, Felipe Jr., Nu y Martin
Un año sucedió algo muy divertido: nos encontramos con Susana y Al, su marido, en Williamsburg. Virginia.Recorrimos su famoso centro histórico y de allí fuimos a Nueva York, donde nos juntamos con Haroldo Rojas y la cubanita, y con Miguel Ángel y Mary. Estábamos todos en un mood especial, en un cóctel en lo de Haroldo, terminamos todos cantando y bailando folklore nacional, ¡como buenos inmigrantes!
Después fuimos con Al y Susana a Boston. Parando en lo de Miguel Ángel, siguiendo la diversión. Con Susana hemos seguido encontrándonos en Argentina; vinimos muchas veces a casa en Villa Allende y se convirtió en mi ayudante de desayunos que yo siempre preparo para todos, siendo mi comida principal.
Junto con Alberto, Marcela y Cristina en Oman
Marcela, por su parte, tiene una familia que me encanta y que está muy cerca nuestro. Primero sus dos hijos, Pablo y Guadalupe. Guada es una fuerza de la naturaleza, un torbellino, linda, generosa, organizadora, simpática y tan querible. Y después, las hermanas de Marcela, tres de ellas: Pampa, Graciela y Mora; todas lindas, divertidas, simpáticas y exitosas, quienes han creado y dirigido por años negocios de ropa buenísima, y han sido hermanas, amigas y socias. Y los maridos no se quedan atrás: el de Pampa, Ábel Bonorino, quien ya no está; el de Graciela, Manolo Campomar; y el de Mora, Claudio Spadoni, ítalo-argentino con quien compartimos l'amore per l'Italia. Todos juntos hicimos un divertidísimo crucero en Turquía del que hablaré separadamente.
Graciela, Cristina, Jorge y yo viendo un partido del mundial 2026
En uno de estos viajes conocimos a Gerardo Viramonte y Adriana Moyano Crespo; no sé por qué, todos los conocían menos nosotros. Gerardo, un gran abogado y exquisito gourmet, ella linda, delicada y atenta. ¡Nos invitaron a su espléndida casa, en lo alto de un gran terreno, con vistas fantásticas y una gran galería donde se armaba un grupo alrededor de una enorme tabla de fiambres! Fue instantáneo; nos hicimos muy amigos y lo seguimos siendo. Son dos personas muy queribles; con Gerardo nos texteamos todos los días, nos damos los buenos días y tenemos algún chat corto sobre cualquier cosa.
Seguimos viéndonos en casa o en la lindísima nueva del Terrón; allí pasamos este año nuevo, lindísima reunión. Ellos nos han presentado a sus íntimos amigos Eduardo Ferla e Inés de Urquiza, tan bien los dos, apenas los conocimos, nos invitaron a su "campito", una maravillosa propiedad cerca del comienzo del camino del cuadrado, partiendo de Río Ceballos. En un vasto terreno surcado por un arroyo, conviven armoniosamente dos casas, una antiquísima pero espléndidamente mantenida, la otra supermoderna, pegada al arroyo, y en todo el conjunto se ve la mano artística y de exquisito gusto de Inés.
Allí fueron invitados Sandro y María Grazia, nuestros amigos italianos, lo que reforzó la increíble buena impresión que les causó Argentina. Por supuesto, Alberto y Marcela siempre están con nosotros. ¡También estuvieron allí Marta Yofre y Fátima, las dos convertidas en amazonas cabalgando los caballos del campito! Ese lugar transmite paz y tranquilidad; es muy especial. Nos hemos encontrado todos en Punta del Este, pasando, como siempre, momentos muy buenos. También nos han presentado a otras parejas de amigos, simpáticos e interesantes, Enrique Allende y su catamarqueña mujer, Cristina, con flequillo y súper simpática! En casa de Gerardo y Adriana nos hemos reencontrado con Ángel y Gogó Larguia, amigos de años.