De vuelta a Milán, hicimos con Cristina nuestras evaluaciones y por tantas razones nos inclinamos por Bahrain y por el Medio Oriente. Estando ya muy decidido a dar ese paso, restaba cerrar detalles importantes como por ejemplo dónde viviríamos en la isla, dónde instalaría mi estudio, cómo conseguiría nuevos proyectos para el flamante estudio. Yo había tenido varias conversaciones con Hussein Yateem sobre mi deseo de alojarnos en la casa prefabricada instalada al lado del mar, en su jardín de palmeras. Él estaba un poco atado porque la casa era de su hijo, pero después de muchas negociaciones accedió. A todo esto, Tomás había decidido retirarse del estudio; Alain Quintard decidió abrir una sucursal en París, a la que me invitó a ir; los dos arquitectos italianos decidieron continuar con la Intec en Milán. Yo iba a Bahrain para dirigir el proyecto del Yateem Center y también abrir allí una sucursal del estudio. Dividimos las acciones de la Intec italiana, y cada uno quedó con su propio estudio, el mío todo por hacerse.
Llegué a Bahrain en septiembre de 1978, luego de una escala de una semana en Limassol, Chipre, donde ultimé detalles del proyecto con la empresa Zachariades y planeamos que Cristina y los chicos que en ese momento estaban en Buenos Aires lo hicieran a fin de año. Yo había estado con el dueño de la empresa, hombre un poco más grande que yo, en Milano y en Chipre, pero a mi llegada a Bahrain él no estaba, fue su hijo quien me recibió, un ingeniero recién egresado, Stephanos Zachariades, quien estaba con su novia, Any, en ese momento adolescentes, quienes más adelante serían nuestros muy íntimos amigo a pesar de nuestras diferencias de edades. De ellos y de nuestra amistad hablaré en detalle más adelante.
Con Annie y Stephanos Zachariades
También nos había visitado en nuestro estudio de Milán un representante de la familia Yateem enviado para verificar que Intec era un estudio sólido, bien establecido y con capacidad para hacerse cargo de su proyecto. Era un ingeniero libanés, quien dirigía Carrier, la empresa de aire acondicionado de los Yateem. Joseph Moussa se llamaba y representaría a la familia Yateem durante todo el proceso de construcción del Yateem Center, y tanto él como su mujer, Daad, se convirtieron también en grandes amigos. Él fue también parte del comité de recepción.
Cenando con Joseph Moussa
Manama, Bahrain, 1978
Gulf Hotel, Bahrain, 1978
Conocí también enseguida a un arquitecto italiano, Giancarlo Settembrini, quien trabajaba con algunos miembros de la familia real, decorando sus palacios. Provenía de Umbertide, en Umbría, donde estaba su familia, mujer e hijo, que no se trasladaron nunca a Bahrain. Cogeniamos mucho, me presentó a otros amigos suyos, y nuestra amistad se extiende hasta hoy.
Juntos con Giancarlo Settembrini
Fueron dos meses de vértigo; tenía que organizar la casa en la que íbamos a vivir y poner en marcha el proyecto. Lo primero que hice para la casa fue iluminar una amplia zona alrededor de la misma, arreglar el jardín y después vino lo más importante, amueblarla. Descubrí que operaba en Bahrain una firma inglesa que se ocupaba de amueblamientos completos de casas con distintos números de habitaciones. Se llamaba Habitat; tenía un catálogo plegable que, al abrirse, mostraba una foto panorámica de todo lo que se incluía en el container, que era absolutamente todo lo que uno puede imaginar para ese propósito: sillones para el living, mesa y sillas para el comedor, camas y colchones para los dormitorios, sábanas, frazadas y toallas, cubiertos y vajilla, lámparas, etc.
El lindisimo mar de Bahrain
Ordenamos uno para una casa de tres habitaciones; llegó el contenedor y fue instalado en el jardín de entrada. Con la ayuda de varios peones de la India y Pakistán que me facilitó Yateem, sacamos todo, desempaquetamos, armamos e instalamos. Rápidamente, la casa quedó lista para ser habitada. En el jardín había un gran árbol al lado del agua; hice construir unos soportes de mampostería, ordené largos tablones y armé una mesa en la que podíamos sentarnos 22 personas, y al costado, instalé una parrilla.
YATEEM CENTRE - EL PRIMER MALL DE MEDIO ORIENTE
Los Yateem consideraron importante que yo tuviera una visión de lo que se estaba haciendo en algunos países del Far East en el tema de Shopping Centers y organizaron un viaje para que visitara algunos de los más importantes de la región que comprendía el este de Asia. Así es que partí para ese viaje que me llevaría a Singapur, la ciudad-estado, fusión de las culturas malaya, china e india, con una legislación que la hacía limpia y organizada, y su magnífica arquitectura. Malasia, que ocupa parte de las penínsulas malayas y la isla de Borneo, con su magnífica capital, Kuala Lumpur, su rica diversidad cultural e impresionantes paisajes.
Thailandia, conocida como la tierra de las sonrisas, con su población amable y su filosofía del Sanuk, disfrutar de la vida y su rica gastronomía, con su Chao Phraya, conocido como el río de los reyes, Si bien el viaje había sido organizado con un alto nivel de alojamientos, en Bangkok fue el máximo, se me había reservado el Oriental, considerado uno de los mejores hoteles del mundo, en la orilla del Chao Phraya. Se ha conservado el edificio colonial original unido a la nueva, moderna estructura, y las facilidades del hotel se extienden a los dos lados del río. Todo está rodeado de exquisitos jardines. En todos estos países visité los últimos shopping centers que se habían construido, los cuales seguían las líneas generales que guiaban la estructura organizativa de los de Occidente.
Yateem Centre - Escalera Espiral
Yateem Centre 1 & 2 - Vista Externa
Yateem Centre - Interior
Con Hussain Yateem
Volviendo a Bahrain, Hussein me ofreció usar una oficina que estaba justo al frente de la obra del shopping, arriba de su propia oficina. Resultó ideal para lo que yo necesitaba: una amplia recepción, mi oficina con vista al terreno del proyecto, la de la secretaria y una para dibujantes. Me recomendaron una secretaria; su nombre era Beena Shivram, una niña en ese momento, y trabajó conmigo durante toda mi estancia en la isla. Allí me instalé.
Pasaba de la obra al nuevo estudio, deteniéndome siempre, invariablemente, a tomar un café con Hussein. Visitaba los varios negocios alrededor y fui tejiendo una red de amistades. Pronto comenzaron a darme pequeños proyectos de remodelación o cambios radicales de sus pequeños negocios.
El representante de la empresa constructora en la obra era un ingeniero de Chipre, de gran capacidad técnica y organizativa. Se llamaba Dimitri, y con él y su mujer nos hicimos muy amigos, amistad que se extendió al resto de los numerosos ingenieros de la empresa y sus familias con quienes compartimos tantos eventos que nada tenían que ver con el trabajo. En diciembre llegaron Cristina y los chicos. Recuerdo que fue de noche. Llegamos al portón por el que se accedía a todo el predio, noche cerrada, solo palmeras iluminadas por la luna, y de golpe nuestra casa, toda iluminada como el jardín adyacente, la luna reflejada en el mar del que emanaba un fuerte olor a salitre. Los Yofre quedaron instalados en Bahrain.
Hussain Yateem
Pronto comencé a interiorizarme sobre Bahrain, grupo de islas estratégicamente situadas cerca de la costa este de Arabia Saudita. Cuando llegué, era un país elitista, el que, debido a su población instruida y abierta, a su buena red de comunicaciones y su buen aeropuerto, había en cierto modo reemplazado a Beirut, importante centro de finanzas que contaba con sucursales de Bancos de todo el mundo y que estaba azotado por una guerra interminable, donde se había roto el delicado equilibrio que permitió la pacífica convivencia de personas de varias religiones por tanto tiempo.. No había turismo, solo dos hoteles de 5 estrellas y un Sheraton en construcción.
Era impactante la red de autopistas que surcaban la isla, todas construidas para juntarse en el futuro con el puente que uniría la costa oeste de Bahrain con la costa este de Arabia Saudita. Este puente, causeway en realidad, con tramos sobre tierra y otros elevados para permitir el paso de embarcaciones, tendría 25 km de longitud y 23 metros de ancho. Su apertura estaba prevista para 1986, pero la red de autopistas había sido construida con antelación. Estas autopistas no tenían ningún tráfico, se transitaba de un lado a otro de la isla con suma facilidad. Teníamos que conseguir un colegio para los chicos; los cupos que nos recomendaban estaban llenos. Nuestra preferida era el Sacred Heart, dirigido y operado por monjas italianas, con una sólida reputación en la isla. Nos costaron reuniones y reuniones con la superiora, hasta que aceptó incorporarlos; ellos tenían 4 y 3 años en ese momento.
En esos meses, hubo una gran exposición internacional en Bahrain, Cristina fue invitada por los organizadores a hacer de traductora de inglés a italiano, y en esos días conoció a Fátima, mujer de origen tunecino, con nacionalidades australianas e italianas, casada con un italiano, Carlo Perochini, director del Sheraton que estaba a punto de abrirse en Bahrain. Se llevaron muy bien de inmediato, y con el tiempo Fátima sería como una persona más de la familia, como una hermana para nosotros dos, y una tía del alma para nuestros hijos.
Hablando de la inauguración del Sheraton, en los días previos se ponía todo a punto bajo la atenta mirada de Carlo. Una de las cosas que se ensayaban era la comida. Recuerdo estar todos los Yofre y Fátima sentados al borde de la pileta del hotel, y ver entrar una fila de mozos que traían comida y tragos para probar, y después pasar nuestra crítica opinión a Carlo. Está de más decir que las críticas eran todas positivas; todo era exquisito. Pocos días después fue la fiesta de inauguración, espectacular, un éxito total que se comentó por mucho tiempo en la isla. Yo enseguida me hice socio de las instalaciones que incluían pileta, gimnasio y dos canchas de tenis. Antes habíamos sido socios del Gulf Hotel, que ofrecía facilidades similares.
Establecí una rutina de vida y de trabajo: me levantaba temprano, llevaba a los chicos al colegio, de allí directamente a la obra o a mi estudio, que estaba al frente. A la una cerraba el estudio y me iba al Sheraton, que quedaba muy cerca. Jugaba una hora al tenis, tantas veces con temperaturas arriba de los 40, nadaba media hora y después comía algo ahí, antes de volver al estudio.
Pronto comenzamos con un amigo italiano, Silvio Depiante, a iniciarnos en el deporte del windsurf, que nos resultaba sumamente cómodo; teníamos las tablas y las velas en el jardín de casa. Al mismo tiempo compré un “gommone”, lancha con casco sólido y el resto de goma, inflable, con un buen motor. Hice hacer una rampa que bajaba del jardín al mar, y compré un buen par de esquíes acuáticos, El aprendizaje del windsurf fue complicado, era invierno, vientos fuertes, El otro problema era la presencia en el agua de enormes medusas, blancas, como pelotas, que teñían el agua de blanco,Eso en cierta forma ayudaba, porque era tanto el terror cuando caiamos, que nos levantábamos en cuestión de segundos, cosa que seguramente no hubiera ocurrido en aguas normales. Otros amigos dejaban sus tablas y sus velas en casa, y el lugar se convirtió en una especie de club náutico. Los viernes, equivalentes a nuestros domingos, la casa se llenaba, todos traían carne o bebidas, y la parrilla no paraba; la lancha tampoco.
Nuestra primera casa en Bahrain sobre el mar
Muchas veces, al regresar del estudio, salía a dar una vuelta con el windsurf, llegando a una pequeña isla deshabitada en la que había una vertiente de agua dulce. Varias veces me encontré con un pescador local, Ali, que tenía sus redes alrededor de la pequeña isla. Yo llevaba una mochila con un par de cervezas bien frías; le daba una; él me daba algunos safíes, exquisito pescado del golfo. Esto sucedió unas cuantas veces, hasta que un día estábamos sentados con Cristina en el jardín, mirando al mar, y vimos a lo lejos un pequeño bote que se acercaba.
Cuando estaba a unos veinte metros, reconocí a Ali y lo vi descender de su bote. El agua estaba un poco retirada de la costa por la marea, y vino caminando hacia la casa, con algo entre sus brazos que no alcanzamos a identificar desde esa distancia. Cuando llegó al jardín, vimos que traía una reproducción de un dhow, el barco hecho todo de madera que usan todos los pescadores del golfo. Nos lo entregó, tomó una cerveza y, como había llegado, se fue. No puedo describir la emoción que sentimos. Como de costumbre, solo intercambiamos nuestros saludos: Salam Aleikum yo, Hi él, Shukram yo, Afuan él, hola, gracias, de nada. Como siempre, yo utilizaba mi primitivo árabe, su primitivo inglés. Esto fue una muestra más de la generosidad y gentileza de la gente de esta isla tan especial.
Algunos fines de semana íbamos de campamento al sur de la isla. Hago un paréntesis para explicar que toda la parte sur de Bahrain estaba cerrada al público por la presencia de una base de la marina americana. El sur de la isla era también famoso por sus playas y mar cristalino, hoy sede de un enorme complejo residencial, con marina y golf. La prohibición de visitar esa zona podía subsanarse los fines de semana si durante la semana se pedían los permisos correspondientes, para lo que había que presentar los detalles de las patentes de los autos que irían y los detalles de los documentos de todos los participantes,
Íbamos varias parejas con nuestros hijos, llevábamos las tablas de windsurf, organizábamos grupos que se ocuparan: uno, del asado y la gran fogata de la noche del jueves, otro del desayuno del viernes y otro del almuerzo del mismo día. Al atardecer regresábamos. Teníamos un amigo egipcio, Samir Sombati, arquitecto y hombre de mar. Poseía una lancha amarrada a un muelle frente a su casa, y salía continuamente a pescar con su fusil. Bajaba en apnea, sin máscara.
En cualquier oportunidad en que queríamos comer pescado, lo llamaba y le decía: «Samir, esta noche cenamos en casa; necesito dos hamurs, que son el pescado típico del Golfo, nuestro mero, pero de gran tamaño». En un par de horas los teníamos en casa. De Samir hablaré más adelante, como he dicho, amaba el mar y años más tarde sería nombrado por el Gobierno egipcio Protector de la costa del Mar Rojo, costa que conocía de punta a punta.Con él la recorrimos años más tarde con Cristina en un jeep, parando en los lugares que él conocía de memoria, cada uno con un fondo marino más impresionante, corales enormes y coloridos, pescados de todos los colores y enorme variedad, experiencia única.
SALVATORE GRANDE
En mi flamante estudio, estaba solo con Beena, mi secretaria. Cuando necesitaba ayuda, viajaba a Bahrain uno de los arquitectos que había quedado en el estudio de Milán, Davide Pogliani. Éramos muy amigos; se alojaba con nosotros y me daba una gran mano. Al mismo tiempo conocí en Italia a un arquitecto de origen italiano pero que vivió en Argentina desde temprana edad y allí cursó colegios y universidad. Más joven que yo, talentoso y productivo, viajó a Bahrain a ayudarme en un proyecto en los primeros años de mi estadía en la isla, y lo siguió haciendo por tantos años. Salvatore fue un componente muy importante de mi estudio, un gran amigo y un excelente colaborador. También se alojaba siempre con nosotros, se convirtió en uno más de la familia.
Salvatore Grande
Acuarelas de Salvatore Grande, Exposición, Pintura, nov 2021
Cuando no estaba trabajando, estaba pintando, que era su otra gran pasión más allá de la arquitectura. Extraordinario dibujante, gran acuarelista. Divorciado de su primera mujer, se casó con una suiza y en algún momento dejó la arquitectura y se fue a vivir a Lugamo, dedicándose de lleno a sus acuarelas y collages. Justamente mientras escribo, me entero de que tiene organizada una muestra de sus últimos 5 años de acuarelas en Padova, Italia.
En 1981 se había completado la primera etapa del Yateem Center, que incluía la mitad del parking bajo suelo, la mitad de la zona comercial, incluido un café en el centro, y el edificio de 7 pisos de oficinas. Hablando del parking bajo el suelo, hay una anécdota interesante sobre su construcción. Hay que considerar que no había ninguna estructura subterránea en ese momento en Bahrain, y había una gran curiosidad al respecto. Había dos aspectos a tener en cuenta: uno era la presencia de roca muy cerca de donde habíamos planeado la losa del piso del parking. La segunda era la presencia de gran cantidad de agua que necesitaba ser desagotada. ¡No existía un sistema de desagües que corriera por las calles adyacentes, y tuvimos que planear la instalación de grandes mangueras que conectaban la obra con el mar, que estaba a 5 cuadras!
Se instalaron grandes bombas y el desagote se realizó sin problemas, siempre de madrugada. Todo el resto de la obra transcurrió sin grandes problemas y a finales de 1980 estaba completada.Habíamos encontrado la capa de roca exactamente donde se debía asentar la losa del parking; fue un gran ahorro de excavación en roca que era muy costosa. En 1984, se terminó la segunda etapa del proyecto, con lo que el complejo quedó completo. En muy poco tiempo se alquiló todo.
A mediados de 1989, el embajador argentino en Arabia Saudita y viejo conocido de Cristina, Julio Uriburu, realizó una visita oficial a Bahrain. Viajó en auto a Manama acompañado por Ezequiel Garat, un joven funcionario de la embajada de apenas veinte años. Como alguien les había dado nuestro contacto, los recibimos en casa. Con Ezequiel conectamos de inmediato: era apenas un poco mayor que nuestros hijos, además de inteligente, divertido y sumamente simpático. Durante los meses y años siguientes nos visitó en incontables ocasiones, instalándose siempre en casa como un miembro más de la familia.
Con el tiempo, Ezequiel entabló una estrecha relación con una figura muy importante de Arabia Saudita y trabajó a su lado a lo largo de los convulsos años que siguieron, viajando por negocios a complejos escenarios de conflicto como Irak. Fue justamente en Bagdad donde conoció a Teresa Bo, una joven y talentosa corresponsal de guerra proveniente de una conocida familia argentina —es nieta del cineasta Armando Bo—. Su historia comenzó en un hotel de Bagdad y, cuando este fue atacado, debieron mudarse a la base estadounidense. Teresa había empezado a viajar desde muy joven y, tras un breve paso por el modelaje, estudió Comunicación y Ciencias Políticas en Estados Unidos.
Años después fue contratada por Al Jazeera, la influyente red catarí de televisión con millones de espectadores en todo el mundo. Hoy se desempeña como jefa de redacción y continúa cubriendo zonas de conflicto en América Latina y Medio Oriente junto a su equipo. Ezequiel y Teresa están casados, tienen dos hijos y viven en Argentina; hace poco nos reencontramos con ellos. Estoy convencido de que la vida de ambos dará pie a un libro o a una película: es una historia demasiado fascinante como para no ser contada.
Teresa Bo
Martin (hijo) con Ezequiel Garat durante el mundial FIFA 2022 en Qatar
En 1990 llegó a Arabia Saudita Carlos Erausquin para asumir como consejero económico, y meses más tarde se le sumó su mujer, Teresa Alonso, una conocida productora de la televisión argentina que coordinó conmigo algunas notas sobre la situación en Medio Oriente. Poco después visitaron Bahréin con sus dos hijas, Cecilia y María, quienes tenían casi la misma edad que nuestros hijos y se hicieron amigas entrañables al instante. Tiempo después, Cecilia se inscribió en un colegio de Bahréin y vino a vivir a nuestra casa; la queríamos —y la seguimos queriendo— como a una hija.
En 1992, el presidente Carlos Menem visitó Riad junto a su hija Zulemita. La Embajada organizó un almuerzo oficial al que fuimos invitados. Estábamos sentados en una mesa con Cristina y dos jóvenes médicos argentinos acompañados de sus esposas, ambas muy monas. Al notar esa mesa con tres mujeres jóvenes y atractivas, Menem se acercó, se sentó con nosotros y no se movió de allí en todo el almuerzo; era, sin duda, un hombre de una simpatía arrolladora y conversación sumamente divertida. Volvimos a verlo en Bahréin, donde me pidió que acompañara a Zulemita durante su visita a un museo.
Carlos Menem y el rey
Fahd bin Abdulaziz Al Saud de Arabia Saudita
Actualmente, Carlos y Teresa viven en Buenos Aires y los vemos seguido. Cecilia reside en Barcelona con su hermosa hija, y María triunfa en Dubái, donde ha consolidado una gran carrera como diseñadora de interiores. La amistad entre ellas y nuestros hijos se mantiene intacta hasta el día de hoy.
AL BANDER, PRIMER RESORT DE BAHRAIN
Uno de los primeros inquilinos del edificio fui yo, que trasladé allí mi estudio. Continuaba estando muy cerca de la oficina de Hussein y seguía con mi tradición de tomar un café con él todas las mañanas. En este tiempo ocurrió algo que sería importantísimo para el desarrollo de mi estudio. Una mañana se presentó un amigo mío, bahreiní, acompañado de un empresario de Kuwait. Se hicieron las debidas presentaciones. El hombre de Kuwait resultó ser Ahmed Jarallah, un prominente periodista, autor, editor y jefe de algunos de los más importantes periódicos del Golfo, considerado como decano de la prensa de Kuwait y muy respetado en toda la región, donde entrevistaba a reyes, emires y sultanes. Me contó que acababa de comprar una marina en la costa este de la isla, que contaba con un Club House, un taller para reparación de botes y amarraderos para botes y yates de diversas dimensiones.
Su intención era construir allí el primer resort de Bahrain, que debía incluir bungalows de diversas dimensiones, pequeñas villas con piletas privadas, pileta para adultos, pileta para niños, un centro spa y una villa para él y otra para su hijo. El primer encuentro fue muy positivo; lo instruí sobre la operación de Intec en Italia y en Francia. Él originalmente había planeado la contratación de un estudio americano o europeo, pero el hecho de tener yo mi estudio en la isla y nuestro currículum, le resultaba de gran interés. Había entrevistado también a otros estudios presentes en Bahrein, pero sin ninguna conclusión. Continuaron algunas semanas de conversaciones, visitamos varias veces juntos el terreno y finalmente firmamos el contrato. Un gran paso adelante: Intec era el estudio con encargos del primer shopping center y del primer resort; se abría una gran perspectiva.
Al mismo tiempo, firmé el contrato para la construcción de la segunda etapa del Yateem Center, que se completaría en dos años. Para Al Bander lo primero que hicimos fue un master plan que mostraba lo que sería el desarrollo completo del proyecto, que se implementaría en fases. El master plan incluyó un gran lago artificial que se dedicaría a competencias internacionales de esquí acuático, ocupando terrenos adyacentes pero no de propiedad del resort, para el cual Jarallah hizo negociaciones de donación o venta con el Gobierno. Luego de una investigación exhaustiva del terreno, vi que era imposible mover de allí la gran cantidad de infraestructura existente, cañerías de petróleo, cañerías de gas, grandes cables eléctricos, en fin, no era factible.
En este tiempo habíamos hecho ya amistad con un grupo muy internacional, italianos, ingleses, griegos y chipriotas, hindúes y pakistaníes, bahreiníes y kuwaitíes. Los íntimos eran Stephanos y Any Zachariades, Fatima de Túnez y Carlo Italiano, una pareja el Suizo y ella Italiana de Sicilia, una pareja de Franceses, el director de UTA, linea aerea francesq, otra pareja, el Libanes, ella Brasilera, otra de ambos Libaneses, una de Iraquíes, una Griega con un Bahraini, parejas de Bahrain, El idioma común era el inglés, tanto en el trabajo como en las relaciones sociales, e incluso en el trato diario con comerciantes y empleados.
Bahrain era uno de los únicos países del Golfo, junto con Omán, en los que los locales confraternizaban y socializaban con los grupos de extranjeros; éramos invitados a sus casas o palacios y ellos asistían a nuestras reuniones. No había casi restaurantes; el más concurrido era uno que había diseñado yo con un mínimo presupuesto. Se llamaba La Taverna, el primer restaurante italiano en Bahrain, y tenía siempre un guitarrista que cantaba en vivo. Con uno de ellos, Pablo, establecimos una estrecha amistad y una feroz competencia de tenis; jugábamos todos los días. Esto cambiaría drásticamente años más tarde. Hasta el año 1986 Bahrain continuó siendo un país elitista, con nada de turismo, pero en ese año se inauguró el puente que lo unía con Arabia Saudita, y esto produjo un repentino y profundo cambio en la isla.
Para comprender lo que sucedió, hay que analizar la forma de vida de los dos países en ese momento. Bahrain, sociedad abierta, educada y acostumbrada al trato con extranjeros, libertad de cultos, lugares nocturnos, bares y night clubs, alcohol y mujeres solteras de diversas nacionalidades. Arabia Saudita, sociedad cerrada, país lleno de restricciones, mujeres que no podían trabajar, ni manejar, ni prácticamente hacerse ver en público. Los dos países, tan distintos y a solo 22 kilómetros de distancia. La apertura del puente causó una revolución. Los sauditas tomaron Baréin por asalto. De pronto, el emirato era un destino turístico regional. Las Vegas estaba al otro lado del puente. Recuerdo el día de la apertura. Era un fin de semana. Hubo un descontrol. Era el comienzo de un cambio profundo en la isla.
Es interesante notar cómo fue modificándose el tipo de visitantes. Al comienzo, solo hombres solos en búsqueda de aventuras, mujeres y alcohol. Pero con el transcurso del tiempo, esto se fue modificando; se construyeron hoteles que no eran ya solamente los de 5 estrellas, sino también de 4, de 3 y de 2; se construyeron también nuevas estructuras comerciales y comenzaron a llegar las familias. Bahrain se abrió y su identidad cambió para siempre.
Causeway que conecta a Bahrain con Arabia Saudita
Causeway que conecta a Bahrain con Arabia Saudita
FORMULA 1
Años más tarde, en 2004, su vocación turística se consolidó cuando el Emirato firmó un contrato con la Fórmula 1 y se construyó el espléndido circuito de Shakhir, dominado por una torre VIP que albergaba lounges y restaurantes. La Fórmula 1 ha sido un pilar fundamental para el turismo y la economía de Bahrain, generando enormes beneficios económicos y abriendo el país al mundo entero.
Tuve la suerte de ser invitado dos años consecutivos a concurrir a la carrera. Fueron invitaciones VIP que daban acceso a la torre, visitas a los boxes, entrevistas con los corredores. Es fascinante cómo se mueve y organiza este circo de la F1. Viajan por todo el mundo para cada carrera con su propio personal, chefs, mozos y mozas, personal administrativo. La torre cuenta con tres niveles utilizables por el público: el de los lounges, con televisores en todas partes, el de los restaurantes, también lleno de televisores, y la terraza. Todo rodeado por balcones que ofrecen vistas de todo el circuito.
Empleados de la organización acompañan a visitar los boxes y conocer a los pilotos. La invitación incluía el ingreso para los tres días de actividad, viernes de pruebas, sábado de clasificación y domingo de carrera. Comidas y tragos están a disposición durante toda la jornada. En una de las carreras, tuve la felicidad de que el viernes de pruebas asistiera mi suegra, Alice, acompañada por Cristina.
Bahrain International Circuit
Yo en el dia de la carrera
Mientras tanto, el estudio comenzó a firmar contratos para el diseño y dirección técnica de casas particulares.Tuvimos varias sedes: la primera arriba de la oficina de Hussein Yateem, en pleno centro, a la entrada del Suk. Terminada la primera etapa, por varios años, instalé el estudio en el edificio de oficinas que era parte del Yateem Centre. Los proyectos típicos eran de un promedio de 1000 m², con ubicaciones en terrenos de dimensiones muy variables. Uno de los primeros encargos fue para una gran casa de tres plantas, frente al mar en un terreno difícil, largo y angosto, entre medianeras. La primera fue construida del lado del mar abierto de un vasto proyecto edilicio, que consiste en una pequeña ciudad construida en una isla artificial llamada Amwaj.
Esa casa fue muy especial, fue publicada en varias revistas especializadas, y le dio al estudio una gran apertura para el diseño de unidades residenciales y diseñamos un gran número de ellas, casi todas del mismo estilo, volúmenes puros y articulados,en general blancos, buscando siempre generar áreas de luz y de sombra, interiores muy estudiados, tanto desde el punto de vista funcional como el de el interés de los espacios en lo que éramos obsesivos. Todas las casas Intec, y son muchas, se distinguen por su diseño, que muy bien se adapta a la arquitectura local, también blanca, también de volúmenes puros, pero con muchos detalles que generan interesantes juegos de sombras.
Estos detalles nacieron de necesidades provocadas por factores climáticos. Por ejemplo, los parapetos de las terrazas son dos planos ligeramente desplazados, dejando una rendija entre ellos, con el objeto de acelerar la velocidad del viento o de la brisa, y refrescar mínimamente las terrazas en las que generalmente dormían. La mayoría de las casas locales tenían lo que se llama torres del viento que funcionan como elementos de refrigeración pasiva. Estas torres, perforadas en su parte alta, captan el viento y lo introducen en los interiores, al mismo tiempo que expulsan por diferencia de presión el aire caliente acumulado en las habitaciones. Estas torres son de origen persa, conocidas como Badgir en Irán.
En estos años, conocí a Lane Pettigrew, arquitecto con base en St. Lucía, nacida en Venezuela de padres americanos, es muy famosa en el Caribe por su cantidad de proyectos en el campo de la hospitalidad. Lane había sabido de mi trabajo en Al Bander; tenía una gran necesidad de un arquitecto local para un proyecto que estaba tratando en Omán.Su contacto era un miembro de la familia real; el terreno, larga extensión de playa pegada al aeropuerto.
Me invitó y fuimos; nos alojamos en el espléndido Al Bustán, un Ritz-Carlton producto de la renovación de un Palacio Real construido por el Sultanato para las reuniones del GCC, el Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo. Situado en las afueras de Muscat, ubicado entre montañas y el mar de Omán, con un lobby de 38 m de altura, coronado por una magnífica cúpula, todo un espectáculo, ¡para qué hablar de las suites, los jardines, la pileta y las playas! Tuvimos varias reuniones. Todo muy preliminar. Volveríamos tiempo después para otras reuniones, pero el proyecto no prosperó; la mayoría de la familia real no estaba de acuerdo. En el terreno estaban las instalaciones del SAF, un Club de las Fuerzas Armadas que era frecuentado por locales de la alta sociedad, militares y extranjeros.
Con Lane quedamos en contacto; no imaginaba ni lo que haría con él en el futuro ni lo que significaría para nosotros como familia Oman en el futuro. Tiempo después Lane me llama desde el Caribe y me cuenta de otro proyecto, esta vez en Cuba. Quedamos de juntarnos en Miami y allí me cuenta de su contacto con un grupo de inversores de Toronto, Canadá, quienes estaban en contacto con el gobierno cubano para el desarrollo de 4 resorts en la isla, dos a construir de cero y dos consistentes en adaptaciones de viejos complejos turísticos, todos en distintas localidades y todos sobre el mar.
Él no podía viajar a Cuba; su pasaporte no se lo permitía, y quería que yo representara a su estudio y que mi estudio colaborara en el futuro en el desarrollo de los proyectos. Sobre todo esto hablaré más en detalle en el Cap Intec Bahrain, que es la historia del estudio que fundé en Bahrain en 1978.
Una de las casas Intec es muy particular. Nuestro cliente conocía bien la arquitectura que hacíamos y me pidió que su casa fuera reconocida como de Intec, pero con detalles de la arquitectura marroquí. Este pedido despertó en mí gran interés. Las casas de Marruecos son espléndidas y tienen arquitectura muy interesante. Primero que todo, hay una especial interacción entre espacios externos y espacios internos. La aproximación al cuerpo principal de la casa está tamizada por espacios diseñados que cuentan con agua y plantas. Grandes domos de ladrillo son parte característica de su arquitectura, como la presencia de patios interiores y fuentes.
Destaca el uso de azulejos especiales llamados “zellige”, de fuerte color verde que confiere una especial frescura a los espacios internos. Las casas marroquíes se distinguen también por sus detalles ornamentales. Hicimos ir a Bahrain albañiles especializados en la construcción de domos con ladrillos sin amalgama. Era un placer verlos trabajar. Viajé con mis clientes a Beirut porque ellos conocían allí a un personaje muy interesante que se ocupaba de demoler antiguos edificios y almacenar balcones de mármol, aperturas de piedra, rejas o parapetos de hierro, etc. Cuando llegamos, recorrí los varios espacios de almacenamiento de todo este tipo de cosas, y de pronto me encontré con una enorme columna de piedra finamente tallada. Inmediatamente pensé que sería interesantísimo usar dos partes de la misma para enmarcar la entrada al primer patio de acceso. Viéndolo en detalle, vi que sobraría una parte importante y decidí que, cortándola en secciones cortas, podría ser usada como base de mesas fijas en el jardín. Así que compramos la columna, más dos balcones con sus parapetos y otros elementos también tallados. Todo esto fue debidamente integrado a la arquitectura de la casa.
KHALED RUMAIHI - UN AMIGO Y CLIENTE QUE PASABA SUS DÍAS EN LUGARES PROYECTADOS POR INTEC
Hablaré ahora sobre mi experiencia con un amigo de Bahrain que por circunstancias de la vida pasaba la mayor parte de su tiempo en lugares diseñados por Intec. Lo conocimos cuando él tenía un importante cargo en Investcorp, que dejó para dedicarse a sus actividades privadas. Se llama Khaled Rumaihi.
The Palace Hotel de Khaled Rumaihi
Su familia era dueña de un viejo hotel de Bahrain llamado Palace Inn, antiguo y mal mantenido con una vieja pileta, cuartos en dos plantas, y un malandado bar. Quería reformarlo y darle un look diverso, para atraer una clientela de hombres de negocios de paso por la isla. Decidimos elaborar un master plan para lo que debiera ser el hotel, una vez que se hubieran completado todos los trabajos de remodelación. El desafío principal era cómo cambiarle la imagen. El frente era un volumen de dos pisos: en la planta baja, abierto al jardín de frente, y en la planta alta, habitaciones, con viejísimas ventanas de aluminio.
En 2010 tuvimos una oportunidad de trabajo en Dubái y Felipe Jr. fue a seguirlo, y después fue a Qatar, donde conoció a un arquitecto de Omán, quien lo invitó a visitar Muscat y trabajar en algunos proyectos juntos, lo que hizo por algunos años a partir de 2012. Nos registramos como Intec Tusker. Tiempo más tarde decidimos abrir nuestro propio estudio en Muscat y Felipe se hizo cargo del mismo, trasladándose a vivir allí. Lo llamamos Felipe Yofre Architects y lo registramos en 2020.
Yo ya había visitado Omán muchos años antes, cuando trabajaba con Lane Pettigrew, el arquitecto americano especializado en resorts; en ese tiempo había cambiado mucho. En 2010 fue reconocido por un programa de las Naciones Unidas como el país que más había mejorado en los últimos 40 años. Es un gran país, sereno y seguro, con una población gentil y hospitalaria, muy parecida en su idiosincrasia y cultura a la de Bahrain. Sus paisajes son cambiantes: escarpadas montañas rojizas, ríos con aguas azul verdosas, wadis de aguas cristalinas, playas que nada envidian al Caribe, riquísima fauna marina, grandes zonas cultivadas. Limita con Arabia Saudita y Yemen, y se abre al Mar Arábigo y al Golfo de Omán. Su nivel de vida es alto y el país ofrece mil oportunidades para programas al aire libre.
Lane Pettigrew
El master plan mostraba un nuevo restaurante, separado de la estructura principal del hotel, que debía construirse en un viejo edificio de dos plantas separado del cuerpo principal, que se usaba como depósito. Terminados los trabajos, plantados los canteros de la pared externa, renovada la pared que circundaba el jardín, la que también incorporaba verde, todo tomó un nuevo aspecto y el hotel comenzó a funcionar muy bien. Poco después comenzaron los trabajos del nuevo restaurante, italiano, que se llamó Masso, dirigido por una chef también italiana, y pronto se convertiría en uno de los más concurridos de la isla. Khaled fue nombrado para un importante cargo por el Gobierno de Bahrain, en EDB, Economic Development Board, cuyas oficinas habían sido diseñadas también por nosotros. Fue él quien me envió en dos oportunidades entradas VIP para las carreras de F1. Resultó que las oficinas de EDB habían sido diseñadas por Intec.
The Palace Hotel - Pileta
The Palace Hotel - Exterior
The Palace Hotel - Interior
Para completarla, nos encargó el diseño de su casa, que considero uno de nuestros mejores proyectos de casas privadas, en la que también trabajó Felipe Jr. ¡Así es que Khaled nos tenía con él cuando estaba en su casa, cuando iba al hotel y cuando iba a trabajar! ¡Suerte que le gustaba nuestro trabajo! Tiempo después, abrieron el hotel L’Orangerie y Lyra, y el Palace Hotel, como se llamó después de la renovación, se convirtió en uno de los hoteles más importantes de la isla.
En 2001 el primer ministro de Bahrain nos eligió para diseñar la primera fase de un inmenso desarrollo en una enorme isla situada cerca del puente que nos unía con Arabia Saudita. Este era un proyecto privado, con obligación de total confidencialidad y acceso totalmente restringido. Felipe me ayudó mucho en este proyecto. Completamos esa primera etapa, satisfaciendo completamente a nuestro importante cliente. Años después el primer ministro nos encargó otros proyectos en la isla, el más importante un museo que albergó una importante colección privada de armas y trajes antiguos.
Museo en isla exclusiva, Jidda Island
Durante nuestra larga estadía en Bahrain tuvimos algunas visitas que nos dieron mucha alegría, algunas por cuenta propia y otras con mi ayuda. Por su propia iniciativa nos visitó primero Magui, hija de Alberto, quien tendría en esa época 18 o 19 años, linda, simpática, tan querible! Intimadad de Feli y Martín; se hizo también íntima de todo el grupo. Se quedó un buen tiempo con nosotros; disfrutamos enormemente su visita. Ahora vive y trabaja exitosamente en Buenos Aires.
Llegó también Luis Maronese, hijo de Graciela, a quien ayudé con su primer trabajo y vivió mucho con nosotros. Aparte de primo hermano, íntimo amigo y compinche de mis hijos. Bahrain marcó su vida; Luis se casó con Lamar,libanesa hija de amigos nuestros, el padre libanés, mi compañero de golf por muchos años, la madre italiana.Luis y Lamar tienen dos hijos ya en universidades, cariñosos y brillantes.
Luis y Lamar están temporalmente en Chipre, con los padres de ella, por la guerra de Medio Oriente. Sin ser nuestros amigos, pasaron por la isla el Gordo Lousteau y Mini, su mujer. Augusto les dio nuestro número y lo pasamos tan bien los días que se quedaron. Y después Sebastián Maronese, Seba, arquitecto y artista, increíble viajero. Vivía en casa y trabajaba conmigo en la época en que Feli también lo hacía, un período que recuerdo con especial alegría. Después partió para un largo viaje por la India, con una valijita que más chiquita no podía ser, una toalla, un cazoncillo, una remera y un cepillo de dientes, ¡creo que era todo su equipaje! Con sus ahorros de su trabajo en el estudio hizo un largo viaje. Cuando fuimos nosotros, pensé todo el tiempo en él y cómo hizo!
Ahora vive y trabaja en Punta del Este; pinta mucho. Esa es su pasión. Y no me olvidaré nunca de la vista de los únicos amigos de aquí, no familiares, que se aventuraron por esos lares, Clara Argüello Pitt y Constancio Giraudo. Su llegada nos dio una profunda alegría, la estadía fue corta pero intensa.
De familia tengo que hablar de Marta, mi hermana, quien en un momento en que no estuve muy bien nos cuidó y acompañó mucho. Justo estaba por cumplir mis 80, nos fuimos todos a Omán y Feli organizó festejos en gran estilo, ¡como siempre! Graciela, muchas veces, por una parte estaba Luis con su familia, y estábamos nosotros, ¡cómo no iba a ir! Siempre alegre, siempre dispuesta, gran compañera. ¡Y también Aberto y Marcela, con ellos es si van o están ustedes, vamos y estamos nosotros también!
Una vez estábamos los 4 en Grecia, navegando con Any y Stephanos. De allí nos fuimos a Bahrain, agosto, calores tórridos, bueno, como en Córdoba! Y se les dio por ir a Omán; yo les dije: no es la época, pero anda a hacerles entender. En Muscat hay un hotel sublime, el Chedi, nada de edificios en altura, torres, ascensores, nada de eso. Una recepción que te deja sin respiro, un bar y un comedor de novela, abiertos a una terraza con pileta negra, rodeada de reposeras grises alineadas con perfección, algunas habitaciones en esta zona. El resto de las habitaciones contenidas solo en volúmenes blancos de planta baja y un piso, diseminados en un jardín maravilloso, limitado por un lado por una playa estupenda, y por el otro por una segunda pileta negra, 100 m de largo, que termina sobre la playa en un gazebo también de negro mármol. ¡Y oh! sorpresa, una brisa continua, resaca de los monzones de esa época que, desgraciadamente, a Baréin no llega. Allí nos visitaba Feli; le costó mucho sacarnos del hotel e ir a su casa.
Lo pasamos como lo pasamos siempre con ellos, ¡genial! Lo pasamos como lo pasamos siempre con ellos, ¡genial! En algún momento, Fátima se fue de Baréin; vivía como ahora entre Roma y Túnez; viajaba como ahora continuamente, pero nunca dejó de visitarnos en Baréin y desde allí partir con Cristina hacia Tailandia u otros países de Oriente que las dos amaban. Espero no olvidarme de ningún visitante, cuando Martin pasaba por Bahrain, o cuando estuvo viviendo alli, nunca faltaron amigas que llegaban de distintos lugares del mundo, y conociendo mis gustos, llevando una botella de exquisitos whiskis! Esta tradición ha continuado aquí; ¡alguna exótica botella de single malt japonés ha llegado a Villa Allende!