En los 80's, Alberto y Alice, mis suegros, habían programado visitarnos en Bahrain. Ambos eran grandes viajeros y pensamos en organizar un viaje a la India y Nepal durante su estadía. Conociendo lo traumático que puede ser el día a día en cualquier ciudad de la India, y también las diferencias que puede haber entre ellas, pensamos en un itinerario que fuera, dentro de lo posible, lo más relajado. También, conociendo la precariedad de los transportes terrestres, trenes y ómnibus, decidimos que todos los traslados se harían en avión. También, por la misma razón de lo traumático que pueden ser.
Los recorridos turísticos de las ciudades, con la mezcla de arquitecturas y arte sublimes con caos de tráfico y ruidos, más continuo contacto con pobreza y miseria, con suciedad y desorden, decidimos visitar las que sabíamos que tenían todos esos problemas en menor escala, o no tenerlos. La selección de hoteles se haría con el mismo criterio; tendrían que ser una suerte de oasis en medio de estas ciudades, para desconectarse al final de la jornada de todo lo vivido.
El viaje comenzaría en Nueva Delhi, continuaría por Jaipur, Agra, Khajuraho y Cachemira, en India, y por Katmandú, en Nepal. Los hoteles serían, donde los hubiera, de una cadena que usaba los refaccionados antiguos palacios de los marajás, que contaban con espléndidos jardines o parecidos, lo que queríamos, verdaderos oasis en las ciudades,
Aterrizamos en Nueva Delhi, capital federal de la India. En esta ciudad no había hotel en Palacios de Marajás, pero el Hotel Taj Majal no tenía nada que envidiarles. Nos trasladamos a través de anchos y arbolados bulevares. La ciudad, fundada en 1911, fue diseñada con un claro trazado por los arquitectos británicos Edwin Lutyens y Herbert Baker, para reemplazar a Calcuta, la antigua capital. Se integró, pero diferenciándose, a la metrópolis de Delhi, la ciudad más poblada de la India.
La ciudad es limpia y ordenada, pero apenas se entra en la zona antigua, se perciben todas las características de las ciudades del país. Hay dos monumentos de gran interés, el Qutab Minar y la tumba de Humayun, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Khajuraho
Una antigua residencia de los virreyes británicos es el actual palacio presidencial. La Vieja Delhi tiene actualmente más de 30.000.000 de habitantes; es vibrante pero ruidosa, sucia y caótica. Hay varios mercados; el más conocido es el Chandni Chowk, enorme y bullicioso, colorido y exótico, donde en todos los negocios ofrecen un chai, té, al visitante, costumbre que se repite en todos los mercados o souks de Medio Oriente y en muchos de Asia.
Para la próxima etapa, Jaipur, fuimos al aeropuerto y nos sorprendimos con el orden y la puntualidad del vuelo de Air India, lo que se mantuvo por el resto del viaje. Jaipur, capital del estado de Rajastán, la ciudad rosa, así llamada por el color de los edificios del centro histórico. (India está dividida en estados, especie de provincias con su propio gobernador y territorios, administrados por el poder central.)También es la ciudad de las celosías, que en Oriente son tan usadas y se llaman “masharabiyas” y en India se llaman jalis, de madera, todas en los balcones o ventanas de las antiguas casonas de la ciudad, detrás de las cuales las mujeres miraban sin ser vistas. Visitamos el Fuerte de Amber, impactante por el color rojizo de sus construcciones, y tuvimos la primera experiencia de hoteles en viejos palacios reales, excelente.
Al volver de nuestro recorrido turístico, nos sentamos en el maravilloso jardín. Pronto apareció en manos de un mozo de impecable vestimenta rematada por sus blancos guantes, una botella de whisky para mi y mi compañero de tragos, mi suegro, una buena cubetera, copas de champagne para las señoras y todo lo dramático del día fue desapareciendo mientras aparecía todo lo maravilloso del mismo.
Asistimos a un festival donde se sacrificaban todo tipo de animales. No recuerdo el nombre del lugar, solo que bajábamos en procesión por un angosto sendero de tierra y piedras, junto con tanta gente que acarreaba pollos, patos y otras aves, todos dirigidos hacia una especie de gazebo o templete, con un gran mostrador de mármol y un hombre con un machete detrás, quien recibía los animales, los decapitaba de un machetazo, entregando el cuerpo al donante. El lugar olía fuertemente a asado; por todas partes los miles de devotos organizaban riquísimas parrilladas! Esta de más decir que no probamos nada.
Otro día nos acercamos a una casa de la muerte. Estas son como cabañas, al lado del río, adonde viejos enfermos se retiran a morir. Cuando lo hacen una especie de catre de paja se encuentra fuera de la cabaña, al lado del río, rodeado de leña. Allí se transporta el cuerpo y se lo recuesta en el catre, tras lo cual el hijo mayor o a quien corresponda de acuerdo a sus leyes, enciende el fuego y el cuerpo comienza a carbonizarse. Lo más impresionante de esta macabra ceremonia es la explosión del cráneo que resulta en un gran estruendo. A todo esto asistíamos desde el otro lado del río.
Con Cristina en India
Partimos para Agra por ruta, en auto. La distancia es de 250 km; está localizada en el estado de Uttar Pradesh. Teníamos grandes expectativas, íbamos hacia la ex capital del imperio mogol y el Taj Mahal, otra de las 7 maravillas del mundo, sobre el que habíamos leído y visto tanto, uno de los monumentos más famosos de India y quizás del mundo, el mausoleo construido como declaración de profundo amor.
No escribiré aquí en detalle sobre esa fascinante historia, sólo diré que fue un inmenso amor entre un emperador y su mujer, que se conocieron casi en la niñez, y que fue ella, antes de morir, quien le pidió que en su honor construyera el más bello mausoleo del mundo. La ciudad recibe enormes cantidades de turistas por año y está densamente poblada. Priorizamos la visita a su principal atracción.
El complejo que lo contiene está enmarcado por tres paredes de color rojo, y el cuarto lado se abre a un río. El Taj Mahal se presenta a primera vista al fondo de la más impactante perspectiva que he visto en mi vida, detrás de un espejo de agua bordeado de cipreses. El edificio, enmarcado por cuatro minaretes que acentúan la simetría del complejo, está recubierto de mármol blanco, y esa simetría se reproduce en el octogonal espacio interior, bañado por una luz tamizada que se filtra por las celosías de mármol blanco que protegen las ventanas. A primera vista las paredes parecen blancas, pero en realidad están recubiertas por una mezcla de piedras preciosas que reflejan la luz de manera muy particular. La perfecta simetría fue rota cuando, a su muerte, la falsa tumba de él fue colocada al lado de la de ella, que estaba en el centro exacto del espacio. Cuando digo “falsa tumba”, lo hago porque en realidad los cuerpos yacen en tumbas subterráneas.
De Agra volamos a Katmandú, capital de Nepal,situada en el valle del Himalaya, a más de 1300 m de altura, con templos en cada esquina, budistas, hindúes y otros. La ciudad, vibrante, llena de turistas, muchísimos de ellos eran los hippies de esa época, con jóvenes que ofrecían abiertamente cualquier tipo de droga, desde marihuana hasta “la más pura heroína”, como decían ellos. Los templos son interesantes, majestuosos.
El más famoso, hindú, es el Pashupatinath, dedicado al dios Shiva, ubicado a la orilla del río Bagmati. Otros templos de interés budista son el Boudhanath y el Swayambhunath, conocido como el templo de los monos (llamado así porque miles de ellos circulan libremente por los alrededores del templo situado en una colina). Todos estos templos son impresionantes, pero a mi parecer no igualan el poder arquitectónico de las grandes catedrales e iglesias católicas o de las mezquitas de Medio Oriente. Pienso en el Vaticano y su basílica, o en el sublime complejo del centro histórico de Estambul.
Contratamos un auto para ir a Timure, un pueblo de montaña ubicado en la frontera de Nepal con Tíbet. Típico pueblo de montaña, casas de madera, gente rústica curtida por las inclemencias del tiempo, con un puente que se cruza y se llega a Tíbet. Las ganas de hacerlo eran inmensas, pero obtener una visa era muy complicado.
De Katmandú volamos a Srinagar, en Cachemira, capital de verano de Jammu. La ciudad está situada en el valle de Cashemere a más de 1000 m de altura y construida en ambas márgenes de un río y al lado del lago Dal, rodeada de los famosos jardines mogoles, de increíble belleza. Nos alojamos en una de las famosas casas flotantes, houseboats, ancladas en muchos lugares del lago, la nuestra en un paraje de idílica belleza. Construidas en madera, son amplias, con un living comedor a popa, al que se accede por puertas corredizas, y amplios dormitorios con baños.
A la mañana siguiente de nuestra llegada, mientras tomábamos el desayuno, las puertas corredizas se abrieron y apareció un simpatiquísimo personaje que traía ramos de flores frescas, llegando a nuestro alojamiento en una pequeña embarcación pintada de verde, una de las tantas “shikaras” que todos usan para desplazarse por el lago.
Jaipur
Compramos los ramos y los colocamos en jarrones bien dispuestos. Al rato llegó otra shikara, esta con frutas y verduras frescas, prohibidas en nuestra dieta por las altas posibilidades de contaminación. Llegó una tercera con licores y vinos; de esto hicimos buen almacenamiento. Nadamos en el lago cuyas aguas parecían muy limpias; visitamos la ciudad, mucho más tranquila que todas las que habíamos visitado. Para hacerlo contratamos una shikara taxi, similar a las otras pero bastante más amplia y cubierta de comodísimos almohadones.
En el lago hay muchos jardines flotantes, que se construyen entrelazando juncos y cañas que se atan con raíces, a las que los agricultores añaden capas de tierra y barro, creando una base fértil en la que crecen flores y vegetales. Visitamos también jardines mogoles en las orillas del lago, plataformas que siguen el declive de la montaña, surcadas por canales, cascadas y rodeadas de plantas, realmente espectaculares. El lago Dal tranquilizó nuestros agitados espíritus al final de este extraordinario viaje.
De Srinagar volamos a Nueva Delhi y de allí a Bahrain, donde, contemplando desde casa el mar árabe, fuimos poco a poco volviendo a la realidad. Los chicos estaban más que bien, cuidados y malcriados por nuestros amigos. Lo que más les había gustado fue que en la biblioteca de la casa de nuestro íntimo amigo Albert Manuk, el director de Cathay Pacific, de quien ya he hablado, encontraron algunos ejemplares de Playboy, botín codiciado en esa época por ellos y sus amigos. Creo que algún ejemplar se deslizó en sus bolsos al volver a casa.
Conviví tantos años con gente de la India, muchos de los cuales fueron amigos, hombres de negocios, empresarios,ingenieros, mudamos, mucamas y choferes, pero solo cuando leí Shantaram, escrito por Gregory David Roberts y ambientado en la India, comprendí la idiosincrasia y naturaleza de este maravilloso pueblo. El libro es largo pero apasionante, divertido e ilustrativo y su personaje principal es inolvidable.