Pero Salah me sorprendió: a la mañana siguiente llegó al lugar de la cita, un Hilton sobre el Nilo, en su Mercedes, acompañado por su mujer y su madre. Manejé siguiendo el río; anduvimos aproximadamente 20 minutos y comenzamos a internarnos en una serie de pequeños pueblos agrícolas. Perdimos la vista del río, pero de golpe apareció de nuevo y me dijo que estábamos en el terreno. Estábamos muy cerca del centro; el lugar se llamaba Manial Sheha. Al otro lado del río estaba Maadi, un importante barrio residencial de la ciudad, con acceso al Nilo y una combinación de edificios altos y unidades residenciales, con gran presencia de extranjeros por la ubicación en la zona de varias embajadas.
Pero Manial Sheha no tenía nada de residencial; era una zona agrícola y poco desarrollada. Recorrimos lo que me dijo ser su terreno, tiene 100 metros de frente sobre el río y unos 400 metros de profundidad. Al lado del suyo, había otro terreno que había comprado para su tío y socio de la empresa que les pertenecía, llamada Pico, con intereses en petróleo y gas y también en agricultura. Salah fue un pionero en el desarrollo edilicio de esa área que se convirtió después de pocos años en una de las zonas residenciales más importantes de la ciudad. Quería construir allí una gran mansión para su familia y otra al lado que estaría dividida en cuatro unidades para su tío y las familias de sus dos hijas y su hijo.
Recorrimos todo el terreno, hablamos mucho sobre su proyecto y me invitó a prepararle una propuesta que se sumaría a muchas otras, sin ningún compromiso económico. Sobre este tipo de invitaciones ya tenía experiencia; el proyecto era de gran importancia; acepté sin dilaciones. Estuve unos días más en el Cairo, completé lo que quería hacer en el hotel, regresé a Bahrein y nos pusimos de lleno a trabajar en una idea. Regresé al Cairo después de dos meses; había organizado ya una reunión para la presentación de la idea. De acuerdo al detallado programa de necesidades del proyecto, la casa sería enorme, y uno de los requerimientos era que todos los dormitorios y ambientes principales miraran al río.
El volumen principal de las propiedades, que contenía gran zona de acceso, living, gran comedor, y una gran suite en la planta baja. Master suite con dos baños y dos vestidores, más cuatro suites para los tres hijos y una para huéspedes en el primer piso. Cocina principal, cocina secundaria, salón de desayunos, zona de TV, depósitos, garaje para diez autos en un subsuelo, zona de estacionamiento para visitantes. Todo esto estaría complementado por un segundo edificio que contendrá un Majlis o gran living, una zona de TV, comedor, cocina, estudio. Todo esto resultaba en un total de aproximadamente 3000 m².
La presentación la hice en las oficinas de Pico; estaban presentes Salah, Nini, su mujer y la madre de Salah, quien vivía con ellos. Fue muy bien recibida y a partir de allí todo fue una larga negociación para fijar los honorarios del proyecto, la modalidad de la dirección técnica y mi presencia durante la construcción. En este viaje conocí a un joven arquitecto, cercano a la familia Diab, quien tenía un estudio que se ocupaba de proyectos de arquitectura completos, que incluían diseño estructural y también electromecánico, Pensé en la conveniencia de hacer todo lo relativo al proyecto de arquitectura en Bahrein, y el resto en el Cairo, para lo cual inicié negociaciones con Medhat Abdallah, el joven arquitecto egipcio. Llegamos a un acuerdo y así se organizó el proyecto, que llevó varios meses, a los que se sumaron los necesarios para las presentaciones a las autoridades para los varios permisos.
La obra comenzó. El terreno era mágico; desde el mismo se veían las aguas del Nilo, las embarcaciones que navegaban, los edificios de Maadi. La construcción duraría años, había una legión de obreros y capataces, algunas partes como la majestuosa escalera de doble rampa semicirculares llevaron mucho más tiempo del previsto, durante mis visitas tuve que ordenar rehacer partes ya terminadas, todo lo que era detalles especiales debían ser explicados y seguidos muy de cerca. En cierto punto, Nini, consciente de la dimensión del proyecto y de la necesidad de coordinar tantas cosas, me dijo que quería terminar el área de su suite y todo lo que la complementaba para mudarse a la propiedad y seguir más de cerca todo lo que pasaba. Así hicimos, se aceleraron los trabajos de esa área, y Nini se mudó a la obra, rodeada de cantidades de obreros, capataces, carpinteros, herreros y carpinteros.
No habíamos previsto inicialmente un ascensor en el proyecto, pero terminó siendo una necesidad. Por suerte, a ambos lados de la majestuosa escalera de doble rampa hay dos enormes planteros con lucernarios en el techo que filtran luz natural. En uno de ellos decidí poner el ascensor, que estaría expuesto al enorme espacio abierto de la planta baja; tenía que ser algo especial. Salah conocía a un anticuario, lo visitamos, y encontramos un ascensor muy antiguo en perfecto estado. Lo compramos, se instaló, cumplía los requisitos funcionales y era una pieza extraordinaria que se agregó a la extraordinaria colección de muebles y objetos de los Diab.
Salah Diab era un hombre muy importante en El Cairo y tenía un núcleo de amigos que también lo eran. Me invitaba siempre que estaba en la ciudad a reuniones y comidas en su gran departamento frente al Nilo. En una de estas reuniones conocí a Ebrahim Nafie, editor del periódico más grande de Egipto, El Ahram. Me contó que tenía un gran terreno sobre la colina del lado oeste de la ruta que sale del Cairo hacia Alejandría, y que tenía la idea de construir allí dos grandes casas, una para él y su mujer, la otra para su hijo Ahmed y su familia. También me reunía mucho con el tío de Salah, sus hijos y sus familias, y hablábamos y tratábamos de completar el programa de necesidades para su proyecto, al lado del de Salah. Tenía mi lugar de trabajo en el estudio de Medhat, con quien establecí una estrecha amistad, a pesar de la diferencia de nuestras edades; él estaba siempre conmigo durante toda la duración de mis visitas, y socializábamos juntos.
Aquí hago un paréntesis para contar una historia sobre mi experiencia egipcia. Resulta que había un actor de cine y tv egipcio, cuya fama se extendía a todos los países árabes, su nombre es Hussein Fahmy, con quien yo tengo un gran parecido. Ya habían ocurrido varios episodios divertidos antes del comienzo de mis viajes al Cairo en Bahrain. El primero fue un día que almorzábamos con Cristina en un restaurante, y un grupo de chicas del colegio se acercó a nosotros pidiéndome que les firmara un autógrafo. Hablamos con ellas tratando de entender lo que sucedía, y nos contaron que me habían confundido con el actor, Sucedió de nuevo en una recepción en la Embajada de Arabia Saudita. Estábamos tomando un trago con Cristina y otras dos personas, y un grupo de tres hombres, muy elegantes en sus atuendos árabes, se acercó al grupo y los tres me dieron la mano. Trataron de establecer una conversación en árabe; respondí en inglés y allí se dieron cuenta del error.
De nuevo me habían confundido. Sucedieron varios episodios de este tipo; buscamos en tv al personaje y nos dimos cuenta de que efectivamente había un cierto parecido. En el Cairo, estos episodios sucedían a diario; Methad muchas veces les seguía la corriente y se divertía con las confusiones. Como él y sus amigos conocían al actor, una noche organizaron una salida para salir a comer juntos a un restaurante con música en vivo. Éramos un grupo de 8 o 9, que incluía a Hussain y su hermano Mustafa. Entramos y caminamos al frente, Hussein y yo, y él me hizo notar las expresiones de la gente mientras avanzábamos. El director de la banda detuvo la música y agradeció a Husain su presencia en el lugar . Fue muy entretenido, Hussein resultó ser un personaje muy simpático y terminamos riendo de las situaciones que se creaban. Durante los años que trabajé en Egipto sucedieron tantas cosas parecidas e igualmente divertidas.
El proyecto con Ebrahim Nafie se materializó; tuve varias reuniones con toda la familia y comenzamos. Hice los mismos arreglos con Medhat, comenzamos a construir y de golpe me encontraba con dos proyectos muy importantes en marcha. Nafie era un personaje muy cercano al entonces presidente de Egipto, Hosni Mubarak, estaba siempre rodeado de guardaespaldas, el acceso a su casa estaba sumamente controlado, aparte de nuestras reuniones de trabajo, nos encontrábamos mucho con el y su hijo Ahmed en las tantas reuniones sociales. Su proyecto fue muy complicado, el terreno estaba lleno de desniveles, se hicieron excavaciones que me hacían pensar que estábamos construyendo una estación de subterráneo.