Poco antes de la llegada del verano del 76, Tomás e Inge nos invitaron a navegar en un velero de tres mástiles que habían alquilado en Grecia para la segunda quincena de julio. Los chicos tenían una nanny peruana y consultamos con todos nuestros amigos si ellos podrían hacerse cargo de la supervisión y el cuidado de los tres, los chicos y la nanny. Con enorme generosidad, nos dijeron que partiéramos tranquilos, que ellos cuidarían de la nanny y de los chicos. Nos llegaron dos pasajes de avión, ida y vuelta a Corfú, donde nos embarcamos. El velero era enorme, con sus 3 mástiles, 5 tripulantes y 8 pasajeros, entre ellos Tomás, Inge y Carlo, un filósofo y un biólogo italianos, y una periodista de la TV francesa. La primera etapa fue una visita a Cephalonia, la más grande de las islas Jónicas, con sus famosas playas de aguas turquesas. Después cruzamos el estrecho de Corinto, que une los mares Jónico y Egeo, y continuamos hacia las islas más próximas a Atenas, Poros e Hydra, ambas en el Golfo Sarónico. Hydra particularmente nos impactó, isla sin autos, con un puerto espectacular con forma de media luna y un ambiente muy sofisticado, vibrante y colorido, espléndidos restaurantes. Visitamos varias otras islas y nos dirigimos hacia la costa turca, deteniéndonos en Samos, isla llena de historia, hogar de Pitágoras. Hicimos un largo recorrido en auto, visitando ruinas de importantes templos. Luego de pasar por Rodas y Simi, cercanas a la costa turca, emprendimos el regreso hacia el estrecho para regresar a Corfú.
Canal de Corinto
Estando la tripulación del velero dedicada principalmente a la atención de los huéspedes, navegamos siempre a motor, hasta que un día insistimos en alzar las velas y valió la pena: un espectáculo único. Cruzamos de nuevo Corintios y en Corfú tomamos el vuelo de vuelta. Verano inolvidable, segunda experiencia náutica. El único recuerdo amargo de ese viaje era la lucha diaria para tratar de hablar por teléfono con Milán y saber de los chicos. Demoras eternas en las primitivas cabinas telefónicas de las islas: los celulares no existían.
Velero de Tres Mastiles
Puerto de Hydra, Grecia
Umberto Eco
Salvatore Vecca
También se veía seguido de Vittorio Gregotti, gran arquitecto milanés con quien trabajaba otro muy capaz arquitecto argentino llamado Bruno Vigano, y nuestra íntima amiga, también argentina, Cristina Castello. Yo gozaba inmensamente de esas tertulias; Bruno, Cristina y nosotros, más otros amigos, también organizábamos muy seguido divertidísimas reuniones con onda muy argentina.