Tomás nos había reservado una suite en una Résidence de 5 estrellas, donde enseguida nos instalamos. Nos dimos cuenta de que teníamos 5 días libres por las fiestas de Pascua que en Italia se extendían un día más, el lunes al que denominan Pasquetta o Lunedì dell’Angelo.
Alivianamos nuestro equipaje y partimos hacia Como, situada en el suroeste del lago del mismo nombre. La visitamos y seguimos hacia Bellagio, la “Perla del Lago”, situada en el punto donde el lago se divide en dos partes, con espléndidas vistas de los dos lados. Recorrimos este magnífico lugar visitando espléndidas villas y tomando nuestro primer contacto con la cocina italiana. Como anécdota de esos días, recuerdo que fuimos a un bar para ver la legendaria pelea de Carlos Monzón con el italiano Nino Benvenuti. Éramos los únicos que hinchamos por el Argentino, y la gente nos miraba un poco disgustada.
El martes después de Pascua me presenté en el estudio situado en Via Manzoni al 14, a dos pasos de la Scala, de la Galleria Vittorio Emanuele, y de las famosas Via Bonaparte y Via della Spiga, corazón comercial de la ciudad. Allí estaba Tomás con su equipo, muy internacional en su composición: un arquitecto francés, educado en Caracas, tres arquitectos italianos, un diseñador gráfico japonés, una asistenta de Tomás, inglesa, dos secretarias italianas. También trabajaba con Tomás, un conocido diseñador gráfico alemán, quien se ocupaba de contratos de diseño con la Braun, la empresa alemana que producía artefactos electrónicos como encendedores, máquinas de afeitar, etc. El palazzo donde estaba instalado el estudio tenía la típica estructura arquitectónica de los edificios del Centro Histórico Milanés, cerrado a la calle, con acceso a través de un magnífico pórtico con enormes puertas de madera y un corazón de manzana totalmente parqueado, con gigantescos árboles centenarios, fuentes y plantas de todos los tipos. Esta tipología edilicia es lo que hace de Milán una ciudad íntima, cerrada hacia el interior de sus manzanas a las que se abren los ambientes principales de los departamentos y estudios. A mi llegada yo hablaba solamente inglés y francés, nada de italiano, en cambio, Cristina lo hablaba muy bien ya que había vivido y estudiado en Nápoles, donde su padre estuvo destinado por un tiempo como médico de inmigraciones con rango diplomático. Me propuse aprenderlo lo más rápido posible, buena parte de mi tiempo libre era dedicada a mirar televisión, leer diarios y revistas, estudiar un poco de gramática. En el estudio se hablaba un poco de todo, y yo prendía todas mis antenas cuando se hacía en italiano. Me integré rápido al equipo, hice un buen click con el grupo, y después de trabajar en el concurso comencé a colaborar en otros proyectos. Con Cristina pensábamos siempre que nuestra estadía se limitaría al par de meses pactados, así que aprovechamos todos los fines de semana para viajar y conocer lo más posible.
Habíamos llevado a Milán los contactos de personas que serían importantísimas para nosotros en los años venideros, los de un conocido abogado llamado Raul Falsitta y los de toda la familia Astori. A ellos les llamamos, y todos nos abrieron sus puertas y en cierta forma nos adoptaron. Raul Falsitta, el Abogado y su mujer Mary, gran pintora, tenían una casa en la ciudad y un departamento en Venecia. Nos invitaban continuamente a su casa, y también al departamento de Venecia y a Roma y Nápoles, a donde viajaban frecuentemente. Recuerdo abrir la ventana del colorido cuarto donde dormíamos en Venecia, y mirar a dos metros la del vecino que abría la suya, separados solo por un estrechísimo canal. Venecia me impactó mucho, y lo siguió haciendo las tantas veces que la visité en los años venideros.
Con los Falsitta, fanáticos de la música italiana del momento, conocimos a Mina, Ornella Vanoni, Iva Zanichi, Raffaella Carra, Umberto Tozzi, Nicola di Bari, Patty Bravo, Loredana Berte, I Cugini di Campagna, Gabriela Ferri y tantos otros. La música no paraba cuando con su Mercedes íbamos a Venecia, a Roma o a Nápoles. También fuimos conociendo uno a uno a todos los hermanos de Piero Astori, empresario italiano radicado en Argentina.
En ese tiempo, Italia vivía una situación política inestable, de grandes reformas sociales como el divorcio y el derecho de familia, crisis económica y explosión del terrorismo político, eran los “anni di piombo”, terrorismo de izquierda y de derecha, secuestro y asesinato de Aldo Moro.Como anecdota, recuerdo que en los restaurantes a los que concurriamos, las mujeres escondían sus anillos dejándolos caer en una copa de vino tinto.
Milano era también, junto con Firenze, la ciudad de la moda y del design. Fueron los años de Armani, Versace, Prada y Missoni. Desafiaba a París con sus increíbles desfiles y eventos. La ciudad evolucionó drásticamente en el futuro, hasta convertirse en lo que es hoy, con la incorporación de toda una nueva zona que se abre detrás de Porta Nova, con un centro constituido por la Plaza Gae Aulenti, donde predomina el Bosco Verticale, un par de torres cubiertas de verde de 80 y 112 metros de altura diseñadas por Boeri, la torre Uni Credit diseñada por Cesar Pelli, la Fondazione Feltrinelli disenada por Herzog De Meuron, que tuve el privilegio de visitar guiado por su promotor, Carlo Feltrinelli, único hijo de Gianfranco e Inge, Esta es otra Milano que no compite sino que agrega tanto a la antigua ciudad.
LOS ASTORI Y LA DRIADE, DE PIACENZA AL MUNDO
Pino y Gigi Astori tenían una empresa de prefabricados de hormigón armado, Enrico y su mujer Adelaide Acerbi, bella, inteligente y súper activa, junto con Antonia Astori, habían fundado en 1968 una empresa de muebles que tiempo después sería conocida en Europa y en el mundo entero, la Driade. Comenzaron fabricando en su fábrica de Piacenza una línea de muebles modulares que se llamaba Oikos, diseñada por Antonia, que tuvo gran éxito. Tanto Enrico como Antonia eran arquitectos.
Simon de Borek Sipek
Poco después Enrico comenzó a contactar a los mejores diseñadores nacionales como Nanda Vigo, Enzo Mari y Fabio Novembre, e internacionales como Philippe Stark, Toyo Ito, Ron Arad, Patricia Urquiola y Tokujin Yoshioka, quienes diseñaron durante los años siguientes lo que constituye el núcleo de su catálogo: el sillón Miss Dorn y las sillas Costes (Stark), la hamaca MT2 (Arad), la silla Nemo (Novembre). Enrico era un gran anfitrión, legendarias eran las cenas en su espléndido departamento en el barrio de Brera, en una larga mesa flanqueada por los magníficos candelabros de la Dirade, todas sus velas encendidas en la penumbra del ambiente, con sillas y vasos todos diferentes, frecuentadas por arquitectos, diseñadores y artistas. Invariablemente, era Enrico quien cocinaba pastas y risottos,todos exquisitos.
Milano, Porta Nova
Assis
Milano,1970's
INGE FELTRINELLI, MUJER DE OTRA GALAXIA
Pero nuestros verdaderos mentores en nuestra estadía milanesa fueron Tomás y su compañera de vida Inge Felttrinelli. Aquí debo detenerme y hablar de Inge, fotógrafa y editorialista alemana-italiana, brillante y exuberante. Inge comenzó su carrera como fotógrafa en Hamburgo, Alemania, y se trasladó después a New York, donde realizó importantes reportajes a grandes personalidades de la época: Greta Garbo, Elia Kazan, John Fitzgerald Kennedy y Winston Churchill y fotografió a famosos escritores como Ernest Hemingway, Edoardo Sanguinetti, Allen Ginsberg, Günter Grass, Nadine Gardiner, y pintores como Pablo Picasso y Marc Chagall. Se había casado en Méjico con el editor Giangiacomo Feltrinelli. Cuando Giangiacomo decidió editar la biografía de Fidel Castro, ambos fueron invitados a Cuba, y después de esto, según Inge, él sufrió un profundo cambio que más tarde provocaría la separación.
Inge Feltrinelli
Giangiacomo murió e Inge quedó a cargo de las relaciones internacionales de la Feltrinelli Editore. Cuando nosotros la conocimos, ella la dirigía desde su sede en Via Andegari, muy cerca de nuestro estudio, donde Tomas también vivía, secundada por un brillante grupo de directores de las sucursales de varias ciudades. Había tenido un hijo con Feltrinelli, Carlo, que con los años tomaría las riendas de la Feltrinelli y la llevaría a otra dimensión, añadiendo el campo de la música. La editorial Feltrinelli había ya publicado en esos años autores como Alessandro Baricco, Antonio Tabucci con su magnífico Sostiene Pereira, Giuseppe Tomasi di Lampedusa con su extraordinario Il Gattopardo, Boris Pasternak con su Dr. Zhivago, autores argentinos como Manuel Puig con Boquitas Pintadas y tantos otros de varias nacionalidades.
Inge tenía un castillo que fue propiedad de la familia Feltrinelli desde los años 60. Que desde lo alto dominaba Villadeati, un pueblo en la provincia de Alessandria, región del Piemonte, Monferrato, conocido por sus paisajes de colinas y arquitectura histórica. Muchos fines de semana nos prestaba su rojo Alfa Romeo Spider, descapotable, para ir a pasar el fin de semana allí con ellos. Fuimos muchas veces, lo disfrutábamos enormemente, el castillo era espléndido y la compañía siempre internacional, multicultural y muy interesante. Volvíamos cargados de botellas de un vino tinto, Barbera d’Asti, que se producía en el castillo.
A mediados de los 70, Inge me pidió que diseñara una sucursal de la Librería Feltrinelli en Roma, muy cerca de la Estación de trenes Termini, y que viera de introducir elementos de diseño que pudieran servir como base de una nueva imagen para todo el resto de las sucursales del país. Así lo hice, y años más tarde se renovarán todas las sucursales con muchos elementos de mi propuesta. Ese trabajo fue privado, pero al mismo tiempo el estudio recibió un encargo para diseñar todos los vagones de un tren europeo, que recorrería varios países. Tomas me encargó ese proyecto y todo esto resultó en que tuve que pasar mucho tiempo en Roma. Alli me alojaba en una Foresteria, o departamento para huespedes, que tenía la Feltrinelli arriba de la sucursal de Via del Babuino, muy cerca de Piazza del Popolo con su famoso Caffé Rosatii y del corazón comercial de la ciudad, via Condotti con su Caffé Greco, Via Magutta, Piazza Spagna, Mis dos proyectos estaban muy cerca, zona estación, donde estaban parados los vagones que diseñamos, con elementos de exposición de varios países Europeos, y la sucursal de la libreria. Si bien viví tantos años en Milán, tengo una particular atracción por esta maravillosa ciudad.
Poco tiempo después de mi integración al estudio, Tomás me pidió que considerara extender mi estancia en Milán, para colaborar en otros proyectos. Me comuniqué con Horacio Guerrico y con la Facultad de Arquitectura, y les hice saber mi intención de permanecer un tiempo más en Italia, pidiendo licencias sin goce de sueldo. Esto se repitió un par de veces entre marzo, mes de nuestra llegada, y julio, comienzo del verano en Europa.
Ya cerca del mes de julio, Tomás nos ofreció un departamento que tenía en Cadaqués, al final de la Costa Brava, la zona costera de la provincia de Gerona, Cataluña, que se extiende desde Blanes hasta Portbou, en la frontera con Francia, siendo sus localidades más conocidas Cólera, Llansa, Puerto de la Selva, Rosas y el mismo Cadaqués. Antes de continuar con lo que sería nuestro primer verano europeo, me detengo para describir este fascinante y pintoresco pueblo costero, originariamente llamado Cap d’Aques, que se traduce por Cabo de Rocas, de habla catalana, famoso por sus anchoas. Desde principios del siglo, era lugar de veraneo de prestigiosas familias de Barcelona, Figueras y Gerona.
En 1958, Marcel Duchamp, uno de los artistas más influyentes del siglo XX, comenzó a veranear en Cadaqués, y así lo haría tiempo más tarde Salvador Dalí. También lo hizo Federico García Lorca, y lo harían Joan Miró, Richard Hamilton y tantas otras personalidades del mundo de las artes y la literatura. El departamento que nos ofreció Tomás estaba situado en el corazón del pueblo, y allí llegamos el primer día de agosto. Tuvimos nuestro primer contacto con playas de piedra, aguzados erizos de mar y aguas templadas. Los dos o tres primeros días fueron de playa, caminatas por el pueblo y degustación de exquisitas paellas. Al tercer día nos visitaron Antonia Astori y Carlo de Ponti, su marido, quienes estaban haciendo un viaje desde Italia en moto. Se quedaron un par de días con nosotros y prosiguieron su viaje. Al día siguiente llegaron Gigi Astori y su mujer, María Luisa. Ellos estaban haciendo un recorrido en velero por el Mediterráneo, que los había llevado de Génova a la costa española. También se quedaron una noche en el departamento, y mientras cenábamos, Gigi me preguntó si nos gustaría volver navegando con ellos a Italia. No dudamos, al día siguiente cerramos el departamento y nos embarcamos en su Arpege, un velero francés, de 30 pies, equipado con sus velas y un motor auxiliar. Una pequeña cabina doble a proa, dos cuchetas a popa, cerca del timón
Partimos del puerto en una noche de niebla cerrada, con Gigi al timón tratando de esquivar los muchos barcos grandes y chicos amarrados alrededor. Se escuchaban los lánguidos sonidos de varias sirenas de distintos barcos. Después de un buen rato de movimiento a mínima velocidad, mar abierto y comienzo de la aventura. Nuestra experiencia de navegación era nula, y cómo reaccionaríamos ante la misma era un punto de interrogación. ¿Podríamos dormir en las estrechas cuchetas? ¿Nos sentiríamos mareados con mares movidos? ¿Nos amoldaríamos a la convivencia en un espacio tan estrecho?
Lo cierto es que tuvimos la fortuna de sentirnos al “nostro agio", como dicen los italianos, desde el primer día. El crucero se extendió durante el mes de agosto, navegábamos de día y pasábamos las noches en puertos o en bahías muy protegidas. Durante la primera parte de la travesía nos preguntamos cómo sería el paso por el Golfo de León, famoso por sus tormentas y corrientes, con sus costas azotadas por los vientos mistrales y tramontanos. Resultó ser una navegación tranquila, con mares calmos, visitamos Marsella y Toulon, siempre haciendo abastecimientos en los varios locales de sus puertos. Tranquila fue también la navegación por la Costa Azul.
Hubo una interrupción de la calma cuando decidimos visitar la Isla Porquerolles, en la región de Provence, Alpes, Costa Azul. Cuando navegábamos hacia allí, enfrentamos una fuerte tormenta, así que estábamos los cuatro con trajes de goma, atados al mástil, viendo cómo el velero montaba olas de 3 o 4 metros y bajaba en medio de un torbellino de agua. Fue nuestra prueba de fuego, superada, y lo mejor comenzó cuando entramos al puerto y Gigi me pidió que tomara una soga de proa y saltara al muelle para amarrar el velero. La cosa es que esta proa subía y bajaba considerablemente con el fuerte oleaje y había que calcular muy justo el momento del salto.Así lo hice, salté en el momento preciso, aterricé bien en el muelle y amarré bien la soga a un sprint, comenzaba a ser un marinero. Visitamos la isla con sus maravillosas playas, y fue nuestra primera experiencia de nudismo, ya que algunas de las playas servían esos fines. Los nudistas eran los otros, nosotros con nuestros trajes de baño parecíamos bichos raros.
Siguió la travesía por la costa azul desde Marsella hasta la frontera italiana en Ventimiglia, visitando Nice, Cannes, Saint-Tropez, donde en la famosa playa de Brigitte Bardot tuvimos nuestro bautismo con mujeres en topless. Pasamos por Villefranche-sur-Mer, Cassis, quedamos impresionados con Antibes, las playas de la Croisette y Juan-les-Pins, el magnífico faro y el colorido puerto. Llegamos a Ventimiglia y se nos agotó el tiempo, debía volver al estudio, bajamos y volvimos a Milán en tren, con el placer de haber vivido una experiencia maravillosa.
DE VUELTA A MILÁN, LA CIUDAD QUE NOS ATRAPA
Me reintegré a mi trabajo en el estudio, ya estaba decidido a que postergáramos nuestro regreso a Argentina por lo menos hasta fin de ese año 1972. Habíamos dejado el Résidence, que fue nuestro alojamiento al inicio de la estadía, y habíamos alquilado un departamento. La inauguración del mismo fue muy divertida. Resulta que en una de las idas a Liguria, fuimos una noche a un famoso bar y restaurante llamado la Mandrágora, donde tocaba en vivo un grupo de mariachis mejicanos. Después de cenar, me acerqué a ellos, charlamos un rato y les di mi teléfono, pidiéndoles que si pasaban por Milán nos llamaran. Por una de esas extrañas coincidencias de la vida, la noche que por primera vez invitamos a algunos de nuestros amigos a cenar en el nuevo departamento, los mariachis llamaron e inmediatamente les pedí que nos visitaran. Lo hicieron, cenamos todos, y después tuvimos el lujo de una serata con música en vivo.
Vacacionando en los Alpes
Tenía mucho miedo de que nos desalojaran, las paredes temblaban con sus fuertes voces. Poco después decidimos mudarnos a San Felice, donde vivían todos los Astori menos Enrico, un barrio cerrado cercano al aeropuerto.La mayoría de nuestros nuevos amigos eran buenos esquiadores y pronto tuvimos nuestra iniciación en el deporte, que nos atrajo y encantó desde el comienzo, y al que nos dedicamos con entusiasmo en los años sucesivos, mezclándolo con el tenis, que jugaba regularmente en el Club Mondadori, que quedaba en frente de San Felice. Jugaba también en invierno, las canchas eran cubiertas con estructuras inflables.Llegaba la época de lo que sería nuestra primera Navidad blanca y Enrico nos invitó a pasarla en su casa de montaña en San Martino di Castrozza, centro de esquí en las Dolomitas. Fue una maravillosa experiencia, la casa tenía una planta abierta, con living, comedor y cocina girando alrededor de una chimenea ubicada en el centro del espacio. Allí hacíamos los asados, preparando el fuego bajo unos techos de chapa en el jardín que nos protegía de la nieve , y subiendo las brasas en baldes. Las pistas de esquí de San Martino son espléndidas, y hay para todos los niveles.
Nuestro hogar en San Felice, Milán
Nuestro hogar en San Felice, Milán
Nuestro hogar en San Felice, Milán
Nuestro hogar en San Felice, Milán
Durante el resto del invierno, todos los viernes partíamos hacia algún nuevo destino, pensábamos que nuestra estadía en Italia era acotada y queríamos conocer lo más posible. Una pareja que conocimos y que pronto se convirtieron en grandes amigos, Marco y Paula Reverdini, vivían en Milán y tenían una baita en un pueblo de montaña llamado Alagna, cerca del Monte Rosa, las "baitas” son antiguas cabañas de madera del 600, dispuestas en la ladera de la montaña siguiendo una traza que a todas garantiza buena exposición al sol, magnífico ejemplo de buen urbanismo. Allí se esquiaba en un glaciar situado a 3000 metros de altura, con variedad de pistas. No se podía esquiar muy temprano, era todo puro hielo. El esquí se alternaba con largas caminatas por senderos de bosques y ríos, partidos de truco, aclaro que a ellos y a los Astori les habíamos enseñado a jugar y lo hacíamos con asiduidad en Milán. Se añadían a esto bien regadas cenas, los vinos de una surtida bodega del padre de Marco,
Algunas Navidades las pasamos en Moessna, Austria, Inge tenía allí una gran propiedad, con una espléndida, enorme casa en una localidad cercana a Schladming, importante centro de esquí. Allí pasábamos Navidad y Año Nuevo. Como de costumbre, la compañía era internacional, variada e interesante. La comida era exquisita, goulash, carnes de caza como ciervo y jabalí cocinados con salsas oscuras de grosella, apfelstrudel, todo regado por buenos vinos tintos de mucho cuerpo. Para Año Nuevo sucedió algo especial, fue invitado el alcalde del lugar, con su mujer y sus hijos, quienes concurrieron vestidos con sus típicos trajes tiroleses. Luego de una opípara cena, se bailó al son de valses vieneses y músicas tirolesas, con el Alcalde y su familia como principales protagonistas.
Nos tocó buen tiempo, esquiamos mucho. Un día Inge anunció un evento especial para el día siguiente, iríamos a la madrugada, en trineos, a dar de comer a los ciervos que bajan de las partes altas de la montaña buscando comida donde hace menos frío. Partimos al alba, solo Felipe, hijo. Estaba en ese viaje. Abrigados con gruesas mantas y por tragos de buena grapa para entrar en calor, partimos hacia la montaña. Llegamos a un lugar donde vallas de tronco cercaban un lugar bastante amplio en el que se había colocado comida para los ciervos. Nos escondimos todos entre las plantas que lo circundaban y esperamos en absoluto silencio. De pronto se escuchó un ruido y apareció un ciervo con sus enormes cuernos. Se plantó frente a la valla, olfateó y miró hacia todos los costados, y de repente la saltó. Era el macho jefe, cuando entró y comprobó que no había peligro, comenzaron a aparecer ciervos por todos lados y a comer lo que se les había preparado. El espectáculo era impresionante, nunca había experimentado algo similar y quedó para siempre grabado en nuestras mentes. Este episodio sería narrado, años más tarde, por Carlo Feltrinelli en uno de sus libros.
Canal de Corinto
VERANOS ITALIANOS Y MUCHA NAVEGACIÓN
El regreso a Argentina estaba decididamente postergado, me integraba cada vez más a las actividades del estudio y disfrutábamos mucho nuestra estadía italiana. En el verano del 73, Inge nos prestó una casa en Porto Rotondo, Cerdeña, a donde fuimos en el mes de septiembre. Arquitectura blanca, pisos de frescas baldosas color ladrillo,puertas celestes, todo muy minimalista y perfecto para el lugar. Allí nos acompañaron mis padres, de visita en ese momento en Italia. En esa época, Porto Rotondo era un lugar muy exclusivo, con las playas más blancas que haya visto y mares turquesas.
La playa más conocida y frecuentada se llamaba Ira Furstenberg, en homenaje a la famosa actriz italiana nacida el mismo día que yo, un año después (17 de abril de 1940), quien frecuentaba la isla. El Sporting era un espléndido club y restaurante, y allí fuimos una noche a comer. Nos fijamos que en otra mesa estaban Johny Dorelli y Catherine Spaak. Vi también que había un piano, y cuando terminamos de comer le pedí a mi madre, quien era una gran pianista, que tocara un tango. Así lo hizo, y Dorelli se levantó de su mesa, se paró al lado del piano, y de allí no se movió hasta que terminó de tocar.
Poco antes de la llegada del verano del 76, Tomás e Inge nos invitaron a navegar en un velero de tres mástiles que habían alquilado en Grecia para la segunda quincena de julio. Los chicos tenían una nanny peruana, y consultamos con todos nuestros amigos si ellos podrían hacerse cargo de la supervisión y cuidado de los tres, los chicos y la nanny .Con enorme generosidad, nos dijeron que partieramos tranquilos, que ellos cuidarían de la nanny y de los chicos. Nos llegaron dos pasajes de avión, ida y vuelta a Corfú, donde nos embarcamos. El velero era enorme, con sus 3 mástiles, 5 tripulantes, y los pasajeros éramos 8, incluyendo Tomas, Inge y Carlo, un filósofo y un biólogo italianos y una periodista de la TV francesa. La primera etapa fue una visita a Cephalonia, la más grande de las islas Jónicas, con sus famosas playas de aguas turquesas. Después cruzamos el estrecho de Corinto, que une los mares Jónico y Egeo, y continuamos hacia las islas más próximas a Atenas, Poros e Hydra, ambas en el Golfo Sarónico. Hydra particularmente nos impactó, isla sin autos, con un puerto espectacular con forma de medialuna y un ambiente muy sofisticado, vibrante y colorida, espléndidos restaurantes. Visitamos varias otras islas y nos dirigimos hacia la costa turca, deteniéndonos en Samos, isla llena de historia, hogar de Pitágoras. Hicimos un largo recorrido en auto, visitando ruinas de importantes templos. Luego de pasar por Rodas y Simi, cercanas a la costa turca, emprendimos el regreso hacia el estrecho para regresar a Corfú
Estando la tripulación del velero dedicada principalmente a la atención de los huéspedes, navegamos siempre a motor, hasta que un día insistimos en alzar las velas y valió la pena, un espectáculo único. Cruzamos de nuevo Corintios y en Corfú tomamos el vuelo de vuelta. Verano inolvidable, segunda experiencia náutica. El único recuerdo amargo de ese viaje era la lucha diaria para tratar de hablar por teléfono a Milán y saber de los chicos. Demoras eternas en las primitivas cabinas telefónicas de las islas, los celulares no existían.
Practicamos la actividad náutica con mucha frecuencia. Gigii tenía su Arpege amarrado en Chiavari,costa ligure, situado a unos 16 km de Portofino. Muchos fines de semana partíamos de Milán a la tarde del Viernes o temprano el Sábado a la mañana, nos embarcabamos y transcurriamos el fin de semana navegando lentamente a lo largo de esa maravillosa costa, pasando por le cinque terre, esa sucesión de pueblos coloridos colgados de la montana, unidos por el sendero del amor, Vernazza, Riomaggiore, y los otros. Pasábamos también por Rapallo, Santa Margherita, Paraggi y Portofino, donde muchas veces, anclados fuera del puerto, nos hacíamos buscar por un bote y bajabamos para tomar un aperitivo en el puerto. Poco después Gigi cambió el Arpege por un Swan, estupendo velero finlandes, más grande que el Arpege, y seguimos navegando con ese velero.
Velero
Puerto de Hydra, Grecia
TRABAJOS PARTICULARES EN MILANO
El estudio se ocupaba sólo de grandes proyectos, pero Tomás siempre recibía pedidos para proyectos más chicos. Por ejemplo, una amiga suya había comprado dos departamentos que estaban superpuestos y quería hacer un proyecto de renovación completa para convertirlos en un dúplex. Tomas me preguntó si me interesaba hacerlo yo, trabajando fuera de los horarios del estudio. Acepté con gusto y comencé a proyectarlo, trabajando en el mismo estudio pero después de las 5 de la tarde, horario en que cerrábamos.
Después de trabajar por un tiempo con esta señora, ella decidió venderlo y lo compró un empresario que tenía una empresa que fabricaba máquinas para la elaboración del plástico. Se llamaba Alessandro Castello, y con su mujer Maria Grazia terminamos el proyecto y se realizaron los trabajos, que yo dirigía en mis ratos libres. Me encargué también del diseño interior, recuerdo haber especificado muchos muebles de la Driade más otros de De Padova y otras firmas muy conocidas en esa época. Quedó todo muy bien, y establecí una sólida amistad con los Castello, con quienes compartimos tantas cosas en los años siguientes. Me ocupaba, fuera de horario, de otros proyectos menores como una serie de negocios de óptica y un proyecto para Fiorucci, el famoso modisto de esa época, en una plaza de Porto Rotondo, Cerdeña. Como parte de mis honorarios por estos trabajos, me daban alojamiento para mí y mi familia en una espléndida villa que pertenecía al abogado del Aga Khan, fundador de la Costa Esmeralda, muy cómoda y con increíbles vistas.
En realidad, este proyecto con Fiorucci me llegó después de conocerlo a raíz de un proyecto más grande, no particular mío sino del estudio. Tomas me encargó ese proyecto en la Vía Torino de Milán, donde Fiorucci se asoció con un conocido restaurateur también milanés para abrir un espacio de dos plantas, abajo Fiorucci y arriba el restaurante. La combinación fue un éxito absoluto, para la inauguración el público desbordó el negocio y ocupó la Via Torino que quedó cerrada, modelos, artistas y un enorme público joven acompañaron la apertura de este local que tuvo muchísimo éxito en los años siguientes.
TERTULIAS MILANESAS
Cuando estábamos en Milán, Tomas e Inge nos invitaban continuamente a cocktails o cenas, generalmente en una de sus casas, siempre concurridas por escritores, arquitectos y artistas. Algunas veces lo visitaban Umberto Eco, Salvatore Vecca, gran filósofo italiano quien había sido nuestro compañero de navegación en Grecia, Ettore Sotsas, quien tenía su estudio en el piso de abajo del nuestro, arquitecto y diseñador, quien años más tarde integraría el grupo Memphis, con personajes importantísimos como Hans Hollein, el japonés Arata Isozaki, Michdele de Luchi y tantos otros.
Umberto Eco
Salvatore Vecca
También se veía seguido con Vittorio Gregotti, gran arquitecto milanes con quien trabajaba otro gran arquitecto argentino llamado Bruno Vigano, y nuestra íntima amiga, también argentina, Cristina Castello. Yo gozaba inmensamente de esas tertulias, Bruno, Cristina y nosotros, más otros amigos, también organizábamos muy seguido divertidísimas reuniones con onda muy Argentina.