De todos los compañeros del Dean Funes, quiero mencionar especialmente a Julio Altamira. A pesar de ser de mi generación, él era en esa época amigo de mi hermana Marta y con ella y su grupo socializaba. De él hablaré más adelante, ya que nos hemos reencontrado en Villa Allende y establecido una gran amistad.
Me gustaban los idiomas; estudié francés en la Alliance Française, inglés en Icana y compartí profesora particular con mi amigo Héctor Casas, quien vivía al frente de casa. Desde temprana edad me interesaban los deportes. Siendo muy chico, comencé a jugar pelota paleta en el frontón del Country Club que pertenecía al Jockey Club de Córdoba. Allí jugué también por primera vez al tenis y en las épocas en que el tiempo lo permitía, iba a nadar. Había también una cancha de patinaje y patinar me encantaba. Seguí jugando tenis toda mi vida, aparte de muchos otros deportes que me apasionaron más tarde, como el squash, el windsurf, el esquí acuático y de nieve, y el golf.
Mi Tesis: Centro Cultural para la ciudad de Cordoba
Mi Tesis: Centro Cultural para la ciudad de Cordoba
Estaba siempre presente el tema del servicio militar y la posibilidad de que durara dos años si el sorteo correspondiente era desfavorable. Había una posibilidad de evitar el sorteo y servir solo por un año en el ejército si se aprobaban diez condiciones de tiro en el polígono federal. Se tiraba en posiciones de tiro básicas, de pie, acostado y sentado, con un fusil de cerrojo Mauser, arma típica de la infantería de la época, y a distancias variables.
Aprobadas las pruebas, había que enlistarse directamente en el ejército. Yo pedí una prórroga de dos años y me enlisté en 1960. Me enteré de que había un destacamento en el que se servía en condiciones bastante mejores, en las oficinas del Consejo de Guerra de Córdoba que funcionaban en el centro de la ciudad. Había que presentarse a concurso: muchísimos aspirantes para pocos puestos.
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