SAN HUBERTO
Nosotros continuamos pasando los veranos de Argentina en Villa Allende. En el 2001, habíamos alquilado una casa grande y con gran parque, y habíamos venido a pasar unos días con nosotros Jorge y Graciela, mis cuñados. Un día, mientras tomábamos el desayuno, suena el teléfono de Jorge, era su sobrino Eduardo Copello, contándole que quería vender el hotel de San Huberto, situado en Nono, Traslasierra. Jorge me preguntó si me gustaría verlo, terminamos el desayuno y nos fuimos a Nono. Era un día de lluvia y fresco, llegamos al hotel mientras llovía. La gran casa de techos de teja se alza imponente en un terreno de 3 hectáreas, 2 canchas de tenis de polvo de ladrillo, una pileta de piedra, un quincho con bar y parrilla. La casona es de dos plantas, de estilo europeo, paredes blancas y pisos de cerámicos colorados. abajo gran living, comedor, cocina, pequeña zona de administración, y arriba 8 habitaciones con baños.Había también un subsuelo con varias habitaciones y depósitos. Estaba todo en bastante mal estado, el día de lluvia no ayudaba, pero el complejo era fascinante todo había sido diseñado por alemanes venidos después de la guerra. Eduardo nos hizo una visita guiada, vimos todo, y volvimos a Villa Allende con la decisión de comprarlo juntos para arreglarlo y hacerlo funcionar. Así hicimos, yo volví a Bahrain, Jorge quien es ingeniero, activo, diligente y detallista, se ocupó de todos los trabajos de remodelación y decidieron mudarse de Buenos Aires para administrarlo. En Navidad del año siguiente, un montón de miembros de la familia festejamos allí. Había en el parque un enorme horno a leña que no paraba de producir carnes asadas. Jorge y Graciela se quedaron y vivieron allí muchos años, hasta que se cansaron y decidimos venderlo. Durante ese periodo lo visitamos en varias oportunidades. Toda esa zona había sido construida y habitada por alemanes después de la guerra, y habían muchas historias y leyendas ligadas al hotel, incluida la presencia de fantasmas. Los alemanes que lo construyeron, habían venido a Argentina a cazar a mediados del siglo XX. Para favorecer esta actividad, habían traído cajones llenos de ciervos, que en esa época no existían en la zona, los que se multiplicaron hasta alcanzar las cantidades actuales. Se organizaban actividades hípicas,se trataba de una particular caza del zorro, dos veces por año había un festival, los caballos se llevaban en tren a Villa Dolores y se arreaban después a San Huberto. San Huberto es el patrón de los cazadores, y antes de Hotel fue coto de caza. Era un club exclusivo, se cazaban ciervos y faisanes, lo visitaban miembros de la alta aristocracia del país y también extranjeros, se cenaba con trajes de etiqueta. Su construcción terminó probablemente en 1947 o 48, Jorge encontró una vez, inspeccionando un techo, una fecha grabada en una viga: 1946.
Como parte de su historia, se destacan las visitas en 1955 de Aristoteles Onasis, en 1966 de Ilia, quien había sido derrocado por los militares. El mismo año lo visitó Mirta Legrand. Jorge está convencido de que algo cierto hay sobre las varias historias de fantasmas, y sobre este tema me ha contado varias anécdotas. En 1939, el capitán del Graf Spee, el famoso “acorazado de bolsillo” como lo llamaban los Alemanes, decidió hundirlo cerca de la costa de Montevideo, suicidándose al mismo tiempo. Quedaron vivos muchos jóvenes marineros quienes se distribuyeron por el país , muchos de ellos dirigiéndose a varios lugares de Argentina, muchos en Córdoba, como La Falda, Villa General Belgrano y Nono donde aparecen en San Huberto unos años después de su construcción. Varios de estos jóvenes vivieron en San Huberto. Notas y fotos que encontró Jorge testimonian que en esa época, había un cocinero manco, un violinista. Entre esas fotos hay muchas que muestran las fiestas que se hacían en el hotel, que muestran que todos los ambientes principales eran exactamente como ahora, los pisos, los muebles, las lámparas. Se hacian dos fiestas por año, en Mayo y en Noviembre, eran de disfraces. Los invitados volaban a Villa Dolores, había vuelos en esa época, ahora no!! Después en auto a San Huberto.
Córdoba tenía mucha relación con los alemanes, ellos participaron en la creación de la Escuela de Aviación, enseñaban a pilotar a los aviadores Argentinos. Volaban de Córdoba a Nono y hacían demostraciones sobre San Huberto donde estaban varios jerarcas.
El dueño del hotel era un tal Bull, hijo de un belga quien aparentemente era amigo de Einstein, se encontraron en una visita que hizo el a Argentina y su mujer era venezolana. Le gustaba y escuchaba mucha música, tenía en el subsuelo importantes colecciones de revistas de la época, como National Geographic, revistas políticas, todo lo cual quedó intacto en el subsuelo. En ese mismo subsuelo había una ruleta clandestina, muchas veces la policia la cerraba pero el volvia a abrirla. Bull murió en la habitación N 3 y en el momento de morir, explota una gran chimenea que hay en ese cuarto. Dormía sobre un colchón de agua que también quedó en el hotel. El sobrino de Jorge le contó que después de su muerte, estaba con su mujer y sus hijos abajo, en el living, y uno de los chicos dijo mira papá, ahí va un señor o una señora gorda caminando por el jardín y de pronto tocan el timbre, abren, y no había nadie.Otra vez, y en este caso estaban Graciela y Jorge, uno de los chicos dice miren, hay una señora caminando por el balcón de los dormitorios! Dijo que llevaba como un vestido largo, y Bull usaba siempre unas túnicas tipo árabes, largas, como un vestido!. La señora miró al chico en el momento de pasar. Subieron inmediatamente pero no había nadie. Jorge y Graciela, durante los muchos años que vivieron allí, escucharon ruidos de todo tipo aunque nunca vieron nada. Los dos están convencidos que el espíritu de Bull sigue presente en San Huberto, inofensivo.