Curse mis estudios primarios en el Colegio Nacional Alejandro Carbó, y los secundarios en el Colegio Nacional Dean Funes, del que fui abanderado y medalla de oro. De ese mismo colegio había sido rector mi padre, quien era también profesor universitario, cargos de los que fue despojado por su acérrima oposición al gobierno peronista. Como abanderado, tenía que llevar la bandera en todos los actos públicos, que eran todos actos peronistas, Me negué siempre a hacerlo, y el grupo solidario de amigos también lo hizo. Todo esto resultaba siempre en amonestaciones varias. En 1954 conocí al Padre Carnelutti, apasionado religioso y antiperonista, quien nos daba charlas a un grupo de amigos. De su parte nació la idea de formar una asociación de estudiantes que se opusiera a la oficial, la UES, de marcado tinte peronista. Así lo hicimos, y en una reunión en casa con un grupo de diez amigos, redactamos y firmamos un panfleto que llamaba a la formación de la FEL, Federación de Estudiantes Libres. Se imprimieron muchos ejemplares del documento, que firmamos los diez, y los repartimos en el Colegio. Al día siguiente, muy temprano, se presentó en casa un agente de policía, quien mostró una orden para acompañarme al Cabildo. Caminando me llevó hasta allí, y durante todo el día fui interrogado sobre la FEL, mis actividades como abanderado, las ideas políticas de nuestra familia. Recuerdo que mi padre le pidió a un íntimo amigo mío, Alberto pochi Granata, que vivía en el mismo edificio que nosotros, que se instalara frente al Cabildo y le avisara si en cualquier momento me trasladaban de allí a cualquier otro lugar, Esto no ocurrió, todo se limitó a un largo día de interrogatorios, En los días sucesivos todos los otros firmatarios del documento pasaron por el mismo ritual. Yo tenía 14 años en ese momento, y me recibí al año siguiente, y del ultimo dia de clases no me olvidaré nunca, el núcleo de mis amigos y compañeros más cercanos, al saber que se me otorgaba la medalla de oro, me llevó en andas desde el Colegio hasta mi casa, donde asomados a las ventanas del primer piso donde vivíamos estaban mis padres y mis hermanas.
Desde temprana edad me interesaban los deportes. Siendo muy chico comencé a jugar pelota paleta en el frontón del Country Club que pertenecía al Jockey Club de Córdoba. Allí jugué también por primera vez al tenis y en las épocas en que el tiempo lo permitía, a nadar. Había también una cancha de patinaje, y patinar me encantaba. Segui jugando tennis toda mi vida, aparte de muchos otros deportes que me apasionaron más tarde como el Squash, el windsurf, el esquí acuático y el golf.
ESTUDIOS UNIVERSITARIOS Y OTRAS ACTIVIDADES
Ya había cumplido mis 15 años y tenía muchas ganas de independizarme económicamente. Terminé el colegio a fines del 1954 y trabajé los meses de ese verano en el Ministerio de Gobierno. En marzo del año siguiente me anoté en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Córdoba, y fui al mismo tiempo nombrado por el Decano como empleado administrativo, y pronto designado como Secretario del Consejo Directivo de la Facultad, cargo que mantuve hasta que me recibí. El Decano en ese momento era el Arquitecto Jaime Roca, y el Secretario era Marcelo Novillo Corvalan, también arquitecto, casado con Edith Yofre, una de las hermanas de mi padre. Jaime Roca y su mujer, Chiquita Ferreyra, estuvieron muy presentes durante toda esta época y la que siguió. Jaime era el Decano, yo trabajaba muy cerca suyo, era mi profesor de Historia del Arte, excelente como tal con extraordinaria memoria y transmisión de vivencias personales de su cantidad de viajes por el mundo, y lo veía casi todos los días en su casa. Tengo un gran recuerdo de él y de Chiquita Ferreyra, extraordinaria acuarelista.
Tenía,desde muy chico, la certeza de querer ser un arquitecto, y creo que mucho de esto fue debido a que un hermano de mi madre, Oscar Cacho Achaval quien vivía con nosotros, había estudiado arquitectura y aunque no se había recibido, trabajaba en algunos proyectos. En su cuarto tenía su cama y su mesa de dibujo, y muchas veces me sentaba en su taburete, ponía una hoja de papel manteca encima de alguno de sus planos y yo lo calcaba. Pronto comprendí la magia del proceso del paso entre lo imaginado y plasmado en un dibujo, y su traducción en la creación de un espacio arquitectónico. Mi decisión sobre mi profesión no estuvo exenta de presiones y polémicas, mi padre era abogado y soñaba con su hijo colaborando con él y eventualmente haciéndose cargo de su estudio. Debo reconocer sin embargo, que si bien me hablaba y me hacía imaginar lo que podría ser esa sociedad padre hijo, nunca intentó imponerse y al final dejó que yo decidiera.
La Facultad nos acercaba a todo un mundo de las artes plásticas y de la creatividad, nos encantaban las exposiciones de pinturas y esculturas, algunos de los artistas de la época eran nuestros profesores, participamos de salones de pintura. Era la época de las famosas exposiciones y bienales IKA. Era también la época de Paideia y las exposiciones de la obra de Antonio Segui. Allí lo conocí, y allí comenzó mi intensa admiración por él y su trabajo. No imaginaba en ese momento que años más tarde se tejería una interesante historia que narraré más adelante. Mi núcleo de compañeros muy cercano eran María Rosita Roca, Rodolfo Imas y Margarita Maria Dionisi, aparte de otros grandes amigos como Eduardo Urtubey, Elita y Ubaldo Enrique “Quique” Fourcade, que escribiria durante sus estudio la famosa cancion “Pateando Sapos” y Carlos Narvaja, tambien aspirante a arquitecto y musico quien escribio la famosa samba de Cordoba que comenzaba “Alegre repicar de las campanas…” El segundo círculo de companeros comprendia a Jorge Morini, Cuqui Gramatica, Guerrero, Pisani, Gaggiano, todos que en el futuro serian grandisimos arquitectos.
Brindo aqui un homenaje al grupo de profesores de arquitecdtura y urbanismo que nos formó, quienes integraban un formidable equipo docente, como el Negro Revol, Hubert Hobbs, el Yayo Diaz, Miguel Angel Roca, Edmundo “el marques” Arias, los italianos Ernesto Bruno La Padula, destacado arquitecto y urbanista, de quien tuve el honor de ser ayudante de catedra y Enrico Tedeschi, Luis Rebora, Bernardino Alberto Taranto, para nombrar solo los de arquitectura y urbanismo.Comencé un noviazgo que duraría años y terminaría abruptamente por la inseguridad de comprometerme de por vida a tan temprana edad. Fue una de las decisiones más difíciles que tomé en mi vida.
JÓVENES ESCENÓGRAFOS, EL TEATRO Y SU MAGIA
Cuando ya había cursado y rendido más o menos la mitad de las materias, la Dirección de Cultura de la Provincia organizó un concurso para diseñar las escenografías de una Ópera del compositor Aleman Christoph Willibald Gluck, Orfeo y Euridice. Con un compañero de la Facultad, Rodolfo Imas, decidimos presentarnos al concurso que en realidad estaba organizado para reconocidos escenógrafos, y así lo hicimos, a pesar de nuestra completa ignorancia en la materia. Recuerdo que nos documentamos, leímos sobre el autor y su obra, compramos el disco, y dibujamos los bocetos. No se que fue, probablemente nuestro “approach” novedoso resultante de nuestra total falta de experiencia, pero ganamos el concurso, y el premio, aparte de alguna suma de dinero que no recuerdo, era participar como escenógrafos de esa ópera que se estrenaría en Córdoba, en ese magnífico teatro Rivera Indarte que luego llegaría a conocer como si fuera mi casa, más una visita guiada al Teatro Colón de Buenos Aires. El guía de la visita fue el famoso escenógrafo de esa época Diego Pedreira, quien era también un arquitecto, egresado de la UBA, y de la Escuela Nacional de Bellas Artes. La visita al teatro Colón fue mágica, descubrimos la convivencia de los espacios públicos, que es lo que normalmente vemos, y la intrincada red de espacios técnicos, comenzando con el escenario y sus complicadas estructuras móviles, me impactó mucho la mágica y colorida sala de vestuarios. Ciertamente había un mundo entre la tecnología escénica de la época y la de los teatros y Opera Houses que he podido visitar posteriormente en distintos países del mundo. Eventualmente la ópera Orfeo se estrenó con gran éxito. Nuestra escenografía y plan de iluminación fueron muy elogiados tanto por el público como por la prensa. Enseguida la Dirección de Cultura, que en ese momento presidía el arquitecto Raul Bulgheroni,quien también era nuestro profesor en la Facultad, nos contrató para realizar las escenografías de otras obras, de teatro y también ballet. A estos proyectos se incorporó mi íntima amiga y compañera de facultad María Rosita Roca.Esta actividad teatral entró un poco en conflicto con mis estudios de arquitectura, tenía también mi trabajo en la Facultad, pero nunca los abandone, solo los demore, no pude cursar algunas materias pero las rendí libre.
LA ANTIBIENAL, LA REBELDIA COMO NORMA
En 1966, poco antes de recibirnos, ocurrió algo muy interesante. Ubiquémonos en la situación de Argentina en ese momento, un golpe militar había destituido al gobierno constitucional de Arturo Ilia por la así denominada “Revolución Argentina” liderada por el General Ongania. Un ambiente muy politizado caracterizaba a la sociedad, al ambiente universitario y al ambiente artístico. A este último es al que me voy a referir en este capítulo. El mundo artístico estaba dividido, una parte era digamos oficialista y continuista, opuesta totalmente a cambios drásticos y nuevas direcciones. Otro grupo era vanguardista, quería avanzar con nuevas ideas y nuevas propuestas, pintores de caballete contra artistas que querían hacer instalaciones y tomar contacto interactivo con su público. La mejor representación de este grupo eran los artistas aglutinados en Buenos Aires bajo la dirección de Jorge Romero Brest, crítico de arte argentino quien dirigió el Museo Nacional de Bellas Artes y el Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella. Algunos miembros del grupo fueron Marta Minujin, Luis Felipe Noe, Leon Ferrari, Romulo Maccio, Dalila Puzzovio, Edgardo Gimenez, Roberto Jacoby, y también Antonio Segui y Clorindo Testa.
A traves de Maria Rosita habíamos entablado una gran amistad con Oscar “Cacho” Brandan, un hombre de exquisita sensibilidad y extrema simpatía, artista él mismo, quien estaba ya relacionado con el grupo del Di Tella, en el que estaba incluido su íntimo amigo Antonio Segui, nacido el mismo dia y año que el. En nuestro viaje a Buenos Aires con motivo de la escenografía de la ópera de Gluck, habíamos concurrido a eventos organizados en el Di Tella y ya teníamos mucha idea de lo que allí se hacía.
En esos años Kaiser organizaba cada dos años una Bienal y en los años alternativos un salón internacional de arte, y en este año 1966 la Bienal era en Córdoba. Kaiser sostenía al grupo de artistas más conservadores, opuestos a los grandes cambios, ellos eran los invitados a sus Bienales y quedaban fuera los grupos más vanguardistas. Oscar pensó que algo había que hacer al respecto, y comenzó a generarse la idea de la Antibienal, como vino llamado lo que en realidad nombramos Primer Festival Argentino de Artes Contemporáneas. Debía ser la respuesta de un grupo vanguardista a la Bienal más conservadora. Nos pidió a Maria Rosita, Rodolfo y yo que lo ayudáramos, y aceptamos con todo entusiasmo. Allí mostró que aparte de su filón artístico tenía una gran capacidad organizativa. Él y un amigo habían sido invitados a hacer algo alternativo en la Alianza Francesa, pero discutimos y acordamos de hacer algo mucho más grande, un evento que se extendiera en la ciudad, que fueran más instalaciones que obras de caballete. Así salió a pedir el uso de un depósito de una mueblería, identificamos terrenos baldíos que pudieran ser utilizados, ocupamos algunos lugares del centro como lugar de exposiciones. Oscar se puso en contacto con el grupo Di Tella, quienes estaban interesados en participar de la Bienal pero no habían sido invitados, aceptaron con gusto un buen grupo de ellos. Llamamos a la prensa, con Rodolfo y Maria Rosita teníamos muchos contactos porque continuamente nos entrevistaban por nuestras escenografías. Respondieron con entusiasmo y la noticia de la antibienal se extendió como pólvora. Jorge Romero Brest firmó el catálogo, advirtiendo que “estos artistas ya no responden al deseo de hacer obras de arte con olor a eternidad, sino al de manifestarse en la aventura cada vez más ahincada de ser libres” Oscar realizó una instalación que simulaba una plaza, Roberto Jacoby pintó de verde la vitrina de un negocio, Eduardo Costa envolvió a los espectadores con cinta durex, Lea Lublin desató un hilarante happening repartiendo banderitas y haciendo desfilar al público al son de marchas patrióticas. Participaron también, entre otros, Delia Cancela, Pablo Mesejean, Ricardo Carreira, Leopoldo Maler, Marta de Llamas, Edgardo Gimenez que estrenó su traje de Batman, Delia Puzzovio, Marilu Marini, Rogelio Polesello y varios mas.
En simultaneidad con todo esto, sucedieron en Córdoba las Primeras Jornadas Americanas de Musica Experimental, lo que infundió aún más dinamismo a todo lo que ya pasaba. Difícil describir el magnetismo y la vibración que se sentía en todo el ámbito donde todo esto ocurría. Todo este “happening” no caía bien a las nuevas autoridades gubernamentales, que lo consideraron provocador y antisistema y el todo terminó con un abrupto cierre de todas las actividades por parte de la policía de Córdoba, en un todo de acuerdo con el espíritu totalitario del momento.
Todo lo relacionado con este evento está relatado en artículos de periódicos de Córdoba como La Voz del Interior y Buenos Aires como La Razón y La Nación, en la revista Primera Plana y otras publicaciones. Los tres seguimos estudiando y trabajando juntos, y juntos hicimos la tesis, con sala de presentación llena, el Centro Cultural para la ciudad de Córdoba que era nuestro tema, había despertado grandes expectativas, y se cerró con gran éxito . El Jurado nos otorgó 10 puntos y felicitado, el máximo que podía obtenerse.
Parte de la preparación de la tesis la hacíamos en la casa de los Roca en Calamuchita, y allí conocí a Horacio Guerrico, emparentado con la familia por su casamiento con Natasha Quiroga, hermana de Tatiana, casada con Jimmy Roca. Hago un paréntesis para explicar mi amistad con Jimmy, quien era varios años más grande que yo y se había recibido de Arquitecto en USA, y al regresar a Argentina tuvo que revalidar su título americano, y para hacerlo debía rendir algunas asignaturas que eran las mismas que me faltaban a mi. Así que decidimos estudiarlas juntos . Lo hacíamos en su departamento, y siempre terminabamos nuestra jornada de estudios tomandonos un whisky y comiendo algo delicioso que nos preparaba Tatiana.
Horacio Guerrico era un empresario de la construcción, su empresa estaba en Buenos Aires, y se ocupaba de construir sus propios edificios. En ese momento le habían encargado también la dirección técnica de la Embajada de Chile en los bosques de Palermo. Había comprado un terreno en la calle Anchorena, colindando con el Sanatorio del mismo nombre y tenía que diseñar y construir allí un edificio de departamentos . Horacio me ofreció irme a trabajar con él en la Empresa, y yo no lo dudé, era una espléndida oportunidad de comenzar mi carrera, y así es que a los tres días de recibirme, me fui a Buenos Aires, comenzando una muy activa etapa de mi vida. No olvidaré nunca mi partida de Córdoba a Buenos Aires, cuando fui a la estación de trenes acompañado por mi primo hermano y diría hermano, Eduardo Achaval , hijo, el Guaro, quien seguía subido al tren mientras este se había puesto ya en movimiento. Lo acompañó su cuñada Cristina, casada con Luis.