CASA YOFRE - VILLA ALLENDE
En Diciembre del 2003, Cristina estaba en Córdoba, yo todavía en Bahrain preparándome para viajar antes de Navidad, como todos los años. Recibí un llamado de ella, diciéndome que había visto un terreno y que quería que lo comprara. Como nunca me había pedido que comprara nada que no hubiéramos visto juntos, acepté sin dudarlo y lo compré, estaba seguro que era algo especial. Ya teníamos desde hacía unos años otro terreno en Villa Allende, de buena dimensión, con vistas extraordinarias, pero nunca nos decidimos a construir allí porque estaba un poco alejado del corazón de la villa que es toda el área que rodea el Golf. Cuando llegué en Enero y lo vi, se confirmaron todas mis expectativas.
El terreno tenía solo una calle con tráfico, y esta daba al sur. Al norte una callecita privada, sin tráfico, al este un enorme terreno verde, en pendiente, y a lo lejos, en lo alto, una casa, Al Oeste un terreno baldío. La idea que guió el proyecto fue cerrar completamente la casa al sur, y abrirla toda a los otros tres lados. En ese momento no pensábamos en una casa para vivir, pensábamos en cambio en una casa que cuando vinieramos en los veranos argentinos, pudiera alojar a toda la familia cercana, que pudiéramos estar todos juntos. Pensamos en hacerla flexible, y la dividimos en dos, la casa principal y un anexo totalmente independiente y completamente equipado. Este anexo, de 100 m2, con un living comedor cocina todo abierto, y dos dormitorios con un baño grande, compartimentado. Este anexo fue lo primero que construimos, lo seguí de cerca, incorporé todos los detalles que quería para el resto de la casa, lo terminamos y allí nos instalamos, felices, cuando veníamos. El anexo incluye también un gran quincho con parrilla, y está justo al frente de una gran pileta, larga y angosta, honda suficiente para caminar o nadar en toda su extensión. En este anexo nos alojamos varias veces, mientras al lado se construía la casa grande.
Guest House
Vista Exterior
Atardecer
El proyecto se completó después de unos años, y en lo sucesivo pasaba exactamente lo que habíamos imaginado, la casa se llenaba de familia, y organizabamos muchas reuniones con familiares y amigos, asados y guitarreadas. La sensación es siempre de estar en el campo, sin ruidos, con visuales solo hacia el gran campo y la casa de arriba.
Durante todo el proceso de construcción de la casa tuve la inmensa ayuda de Guillermo Mendoza, amigo y gran arquitecto, quien con su hija Ana tenían un estudio en Córdoba, donde siempre me dieron un lugar para trabajar cuando lo necesitaba. Guillermo se encargó de encontrar el constructor, los varios subcontratistas, y de seguir de cerca los trabajos. Por todo esto a él y a Ana debo siempre un gran agradecimiento.