Fue en esos años que conocí a la que sería mi esposa y madre de mis hijos, Cristina Lucero Funes, sin saber que nuestra relación cambiaría mi vida para siempre. De pronto, tenía una nueva familia en Buenos Aires, sus padres Alberto y Alice me trataban como a un hijo, todavía no sabía cuán importantes llegarian a ser para mi Alberto y Graciela, sus hermanos,
Tendría que escribir otras memorias para hablar de Cristina y tratar de explicar lo importante que ha sido ella en mi vida, en todo sentido. Hemos tenido momentos altos y también bajos, donde no todo era tan fácil. Ella estuvo siempre allí, fuerte como una roca, adaptándose a todo lo que iba pasando, que era mucho. Cuando pienso que por mi decisión de vida y de trabajo se alejó del país, de su familia, de sus amigos, no puedo tener más que gratitud y admiración Ella también se mantuvo siempre ocupada con tantas cosas, en Milano hizo de traductora, dio lecciones de guitarra, se ocupó de compra y venta de ropa de alta calidad.
Aquí me acuerdo de una anécdota relacionada con sus actividades de traductora. En nuestro primer año en Milán, cuando en Octubre del 72 sucedió el horrible accidente de los rugbiers uruguayos, cuyo avión cayó en la cordillera cuando iban a jugar a Chile. Tiempo después, cuando ya todo había pasado, algunos de los sobrevivientes como Nando Parrado y Roberto Canessa fueron invitados por la Casa Editrice Sperling & Kupfer, dirigida en esa época por Tiziano “Chiuffo” Baarbieri, muy amigo nuestro, a presentar el libro que ellos publicaron llamado “Tabú, La vera storia dei sopravvissuti delle Ande” La prensa milanesa los recibió muy mal, recuerdo algunos títulos de los principales diarios como “arrivano i cannibali”, pero después todo se tranquilizo y ellos fueron entrevistados con la traducción simultánea de Cristina, después salimos a almorzar con ellos y el Chiuffo. Estaban muy relajados, contaban con tranquilidad su experiencia, para nuestra sorpresa ordenaron carne, algo que no hubiera imaginado. La historia despertó gran interés, como en todo el resto del mundo, y el libro tuvo gran éxito de ventas.
Tomas Maldonado
Como ya he mencionado, Cristina es sobrina de Tomas Maldonado, pintor, diseñador y teórico del diseño. Tomas ha sido reconocido por su considerable influencia en el pensamiento y la práctica del diseño en la segunda mitad del siglo XX y es considerado como uno de los principales teóricos del llamado enfoque científico del diseño . Fue miembro fundador del Movimiento de Arte Concreto y uno de los protagonistas de la renovación plástica de la década de los 40 en Argentina. Mantenía una continua comunicación con los profesores de la Escuela de Ulm, que en Alemania continuaba los pasos de la famosa escuela del Bauhaus. Se comunicaba especialmente con Max Bill, quien lo invitó a ir a enseñar a Ulm.
Allí fue profesor, director del departamento de diseño y luego rector, desempeñando un papel clave en la mutación del plan de estudios para adecuarlo a los nuevos tiempos posteriores a la guerra. De Alemania se trasladó a Italia, y en Milán fundó Intec, un estudio que se dedicaba principalmente al diseño de proyectos de edificios para la gran distribución, grandes Shopping Centers y estructuras comerciales. Sus clientes eran las grandes cadenas de distribución de la época, las italianas Rinascente y Standa y Coin, las Francesas Printemps y Prix Unique. Con Cristina habíamos decidido comprometernos en Diciembre del 71 y casarnos en Marzo del 72, y planeamos una luna de miel de un par de meses en Europa. Yo imaginaba en esa época un casamiento íntimo, quizás en la quinta en Tortuguitas de la familia, pero de golpe Graciela nos pidió que nos casáramos juntos, ella estaba de novia con Luis Antonio Maronese, y así es que el casamiento pasó de ser un íntimo evento a algo mucho más grande e importante.
Por casualidad,Tomas estaba en Buenos Aires en la época de nuestro compromiso en diciembre del 71, y asistió al mismo. Allí nos conocimos, hablamos mucho sobre lo que yo hacía en ese momento, se interesó por todas mis actividades y después de la charla me invitó a comenzar mi luna de miel en Milán, ya que en esa época tenían planeada en su estudio la preparación de un concurso para un gran grupo habitacional en Marsella, y yo podría trabajar con parte de su grupo en ese concurso. Propuso que la estadía se prolongara por un mes. Acepté con entusiasmo su invitación, en Marzo del 72 nos casamos y a los tres días partimos para esta especial luna de miel matizada con trabajo. Después de una semana en Ipanema, en casa de nuestros queridos amigos Hugo Kusnetzof y Margarita Maria Dionisi, llegamos a Milán justo para Semana Santa.