Volvíamos a Argentina cada verano nuestro, invierno Italiano. Lo hicimos religiosamente durante años, y repartiamos nuestro tiempo entre Buenos Aires y Córdoba. En uno de esos viajes conocimos a Marcela Benzi, quien se casaría con mi cuñado Alberto, estad y aquí los nombro a los dos porque ambos han sido y son tan importantes en nuestras vidas, familia y amigos íntimos, hemos compartido mucho en el curso de los años, tanto en Argentina como en otros lugares del mundo.
Cada viaje era un reencuentro con nuestros íntimos amigos. Muchas veces nos albergaban Santiago el Ruso Palacio y Marisel Torti, una de las varias porteñas con quienes nos casamos el grupo de amigos de la infancia: Augusto Novillo con Meny Pasman, Gustavo Gordillo con Kristel Bucking, Fernando Liprandi con Inés Moreno. Con los Palacio teníamos un vínculo especial, con el Ruso éramos amigos desde muy chicos y con Maricel la relación fue como de toda la vida. Pero también estaban todos los primos hermanos. En esa época los hermanos Aliaga tenían un espléndido lugar en Villa Allende, donde se podía comer y tomar buenos tragos escuchando su maravillosa música. El grupo artístico fijo eran Maria Esther, Mariana y Agustin, a los que se agregaban otros en ciertas oportunidades. Allí íbamos, y en una sola noche nos encontrábamos con todo un numeroso grupo de primos y amigos.Maria Esther esta casada con mi primo hermano Alberto Basaldua, habíamos coincidido con ellos cuando fueron temporariamente a vivir a Buenos Aires, y fue animadora de las tantas guitarreadas que organizamos en casa en cada viaje. Yo en Bahrain escuchaba siempre su música, y cantaba con sus CD. Ella lo sabía, y siempre me invitaba a cantar algunas canciones juntos cuando organizabamos guitarreadas. Con Cristina disfrutamos enormemente estos encuentros, que terminaban siempre muy tarde, y no me olvidaré nunca que Luis Achaval, mi primo hermano y Cristina su mujer nos llevaban a Córdoba, cuando parábamos en el departamento de mis padres, y llegados nos quedabamos largos ratos charlando de todo, en una desierta Avenida Colón.
En otro de los viajes conocimos a Jorge Stefanoni, quien se casó con Graciela y de ellos también hablaré mucho más adelante, ya que aparte de ser cuñados y grandes amigos, fuimos socios en un interesante emprendimiento y compartimos tanto juntos. Nuestra relacion es mas que de cuñados, es de hermanos y grandes amigos.
Mientras tanto nuestra vida en Italia continuaba con las mismas rutinas. Trabajo en el estudio, fines de semana de esquí en el Monte Blanco, en el Monte Rosa o en las Dolomitas, y viajes a tantos diversos lugares. Italia me daba siempre la idea de infinita riqueza física y artística.Uno de esos viajes nos llevó a Umbría, en el centro de Italia, con sus ciudades medievales como Asis y Perugia, con sus colinas, valles y bosques. Nuestros hijos, aunque aún muy chicos, disfrutaban de estos viajes. En Umbertide tenía su espléndida casa nuestro amigo italiano de Bahrain, Gian Carlo Settembrini quien nos alojó allí. También visitamos los pueblos medievales de Orvieto, Spoleto y Gubbio. Umbría es una de las regiones de Italia más rica en historia, tradición y arquitectura. Sus ciudades con construcciones de piedra y angostas calles, se prestan para caminarlas y admirarlas. Recuerdo con emoción la llegada a Asís por la vía de Francisco, en la ciudad encastrada en la montaña dominada por el perfil de la Basílica de San Francisco, que emerge entre plantas de olivos y viñedos. En toda la zona hay “borgos”, conjunto de antiguas construcciones agrupadas, muchos de ellos restaurados con total respeto de la arquitectura y la tradición.