En 1976, Tomas firmó un contrato con Bernard Zehrfuss, famoso arquitecto francés de esa época, premio de Roma de 1939, coautor con Marcel Breuer y Pier Luigi Nervi del edificio De Unesco en París y figura clave del desarrollo de La Defense, donde diseñó el edificio del CNIT y contribuyo al trazado urbanístico de la zona. Bernard estaba trabajando en un proyecto para un edificio de oficinas de la Unesco, y pidió a la Intec ocuparse del diseño de todos los espacios públicos, desde la plaza de acceso al edificio y a los estacionamientos subterráneos, el lobby de entrada, los corredores y los baños más un espacio comercial. Fui encargado de la dirección de ese proyecto, y trabajé en él tanto en Milán como en Paris. Esto derivó en un periodo en que dividía mi tiempo entre las dos ciudades.
En Paris me alojaba en un espléndido departamento de Tomas e Inge, en el quartier de Saint Germain, frente a la famosa iglesia del mismo nombre, en el 5 piso de un edificio con ventanales sobre la plaza y entrada por Rue de Bonaparte. En el edificio había vivido Sartre, al frente estaban los famosos café Deux Magots y café de Flore, lugares de encuentro de intelectuales y artistas del siglo XX, como Hemingway, Picasso, Sartre y Simone de Beauvoir, la brasserie de Lipp con sus famosas ostras. Trabajaba en el estudio de Zehrfuss, quién aparte de ser un gran arquitecto era un famoso bon vivant. El estudio, como su casa, estaban situados en la Avenue de Foch, y tenía una mesa reservada todos los días para el almuerzo en el Restaurant Fouquet’s en Champs-Elysees, al que me llevaba frecuentemente con su familia y amigos. Me recibió muy bien en su estudio que contrastaba con tantos que yo conocía por su ambiente muy formal. Tenía allí una oficina para mí, y me integré bien con sus colaboradores.
Me ocupe también de otros proyectos franceses en Toulon y en Lyon. De las visitas a Lyon tengo un recuerdo especial. Cerca de Lyon estaba L’Auberge du Pont de Collonges, el restaurante de 3 estrellas Michelin de Paul Bocusse, considerado en esa época el Chef número 1 del mundo. Tomas, con quien estaba en ese momento en Lyon, me invitó a almorzar alli y ue una experiencia inolvidable El restaurante está situado en la misma lujosa casona donde el chef había nacido. El almuerzo duró cuatro horas, cada plato acompañado por un vino diferente. Recuerdo que comenzamos con la famosa sopa de trufas Giscard D'Estaing, que Bocuse había inventado para un almuerzo en el Elíseo, invitado por el entonces presidente. Ese año fui incorporado como socio del estudio de Milano.