Me encantaba esta gran ciudad, la belleza de sus varias zonas, su arquitectura, sus plazas y sus parques, y sobre todo su ritmo, sus actividades, todo lo que pasaba todo el tiempo en los ámbitos tanto recreativos como culturales.
Me sentí bien recibido y cómodo en la empresa de Guerrico, tenía mi oficina y mi buena mesa de dibujo. El primer tiempo me alojé en un hotel mientras buscaba un departamento para alquilar hasta que encontré uno al que le vi enormes posibilidades , si le podía hacer algunas modificaciones. Le expliqué a la dueña mi idea que era transformar ese tres ambientes mínimos en una especie de loft, circundado por un balcón. La dueña aceptó y rápidamente organice los trabajos y me mudé. La sensación de tener mi propio espacio era increíble, habían sido muchos meses de vivir en una pequeña habitación y estaba feliz con el cambio.
Apenas llegado comencé el proyecto del edificio de la calle Anchorena,decidí diseñar todos los departamentos en dos niveles, y en los pisos altos acomode un duplex y un triplex que compró un abogado amigo de Horacio, en el que compartimos agradables tertulias. Diseñe una entrada poco ortodoxa, muy vidriada y con una estructura metálica que pinte color ocre. Con Horacio, visitamos periódicamente la obra de la Embajada, y otro edificio que proyecté en la calle Terrero, en las afueras de la ciudad.
Haciendo un paréntesis, cuento que mientras estudiaba arquitectura me presenté y gané varios concursos para ayudante alumno de cátedra, Esto despertó en mí la vocación por la docencia. Poco después de llegado e instalado en Buenos Aires, me presenté primero a un concurso para ayudante de la cátedra de arquitectura del arquitecto Kigel, turno diurno y luego a otro, esta vez para el turno nocturno,. Gané estos concursos y así comenzó mi actividad docente, que se extendió durante todos los años que viví en Buenos Aires. Cuando pienso en ese periodo, me doy cuenta de la gran energía que necesitaba y de la que por suerte disponía. Trabajaba en la Empresa todos los días, iba a la Facultad los Lunes, Miércoles y Viernes, mañana y noche, Esas noches terminaban,invariablemente con un grupo de los docentes amigos, yendo a comer un asadito a la Costanera, lo que nos quedaba muy cerca de la Facultad. También hacíamos pequeños proyectos con Margarita Maria, colaboramos en algún concurso con Clorindo Testa. Lo más importante que hicimos fue la renovación de un departamento de la familia Bulgheroni en Avenida Libertador, y una casa para amigos de mi socia en las afueras de Buenos Aires.