Pero volviendo a Buenos Aires, fueron como dos etapas, antes y después de Cristina. Las actividades durante la semana, en las dos etapas, eran similares. Empresa, Facultad, reuniones de trabajo con Margarita María, comidas o almuerzos con Hortacio y Natasha, almuerzos en lo de Zavalia, con mis primos Fernando y Jorge, solitarias comidas en La Reja, a media cuadra de mi departamento en Laprida y Melo. Cine y teatro eran muy frecuentes. Los fines de semana tenían un domingo de por medio comprometido: Fernando y Jorge Zavalia, Félix Gigena, también primo hermano, y yo éramos plateístas de River,y el programa era asado en una parrilla al frente de la cancha, partido, y en alguna de las famosas confiterías de la Avda. Santa Fe.Con Cristina todo cambió; los Lucero Funes tenían una quinta en Tortuguitas y tomamos por costumbre ir todos los fines de semana,en invierno y en verano.
Cristina y yo, Graciela, su hermana, y Lita, su tía, más mis tres primos ya nombrados. Se partía tarde el viernes; en invierno, lo primero era prender la estufa, y en verano, abrir y ventilar la casa, preparar algo de comer o comer lo que ya llevábamos. El sábado era el primero en levantarme, tomaba mi desayuno y me iba a la carnicería a comprar la carne para el asado de mediodía. Compraba también el diario, volvía a la quinta, leía el diario y el libro que estaba leyendo en esos días, y más tarde comenzaba a preparar el asado. Yo era el asador; el resto me ayudaba. Siempre llegaba gente, comenzando por Alberto, tíos y amigos. Los asados eran seguidos por partidos de fútbol; a Cristina le gustaba jugar de arquera. Esto se repetía en invierno y verano, tiempo permitiendo, pero en verano se sumaban otras actividades muy importantes, la limpieza de la pileta, que vaciábamos, limpiábamos y volvíamos a llenar en la noche del viernes, para tenerla lista los dos días siguientes. En ese tiempo conocí también a Susana Lucero Funes, prima hermana y como hermana de Cristina, lo sigue siendo ahora, vive en USA pero nos visita con frecuencia, nosotros también la visitamos en San Francisco, donde ella vive y vivía.
Con Cristina Lucero Funes, 1972
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INTEC MILANO